Introducción
Las distinciones militares no son una invención moderna. Ya en el Antiguo Egipto (2686‑2181 a.C.) se premiaba a los soldados más valientes. Griegos, celtas y romanos también contaban con sus propias medallas y honores, aunque en muchos casos su significado exacto se ha perdido.
Premios curiosos en la República y el Imperio
Un ejemplo es la hasta pura (también llamada even donatica), una lanza de madera sin punta metálica que, según fuentes, se entregaba como premio de valor y, en ocasiones, a oficiales civiles. Polybios relata que se concedía al legionario que hería a su primer enemigo, y su mención aparece frecuentemente en lápidas funerarias que relatan los méritos del difunto.
Los romanos, además de una extensa lista de galardones, practicaban castigos severos como el fustuarium (latigazo). Julio César lo describía como una medida disciplinaria, pues «el valor solo no bastaba para asegurar la firmeza del soldado medio».
La corona de gramíneas
El honor supremo de todos, y a la vez el más antiguo y escaso, era la corona de gramíneas (corona obsidionalis). A diferencia de otras distinciones, no la concedía el Senado ni los oficiales, sino los propios soldados a sus comandantes cuando estos salvaban al ejército entero, rompiendo un cerco o levantando un asedio.
Esta corona se elaboraba literalmente con hierbas y vegetación recogidas en el campo de batalla por los legionarios. Hasta la época de Plinio el Viejo (68‑77 d.C.) sólo se conocían ocho entregas, aunque algunos autores cuentan una novena.
Premios registrados
Lucio Sicio Dentato (tribuno, 454 a.C.) fue el primero: participó en 120 batallas, recibió 45 heridas y acumuló una cantidad sin precedentes de galardones.
Publio Decio Mus (cónsul, 340 a.C.) es el único que obtuvo dos coronas. En 343 a.C., durante la guerra contra los samnitas, rompió un cerco manteniéndose en lo alto de un valle; una corona le la entregaron sus tropas y la otra los soldados que rescató.
Quinto Fabio Máximo la recibió por impedir la captura de Roma por Aníbal (c. 209 a.C.). Fue la única ocasión en que la corona fue otorgada conjuntamente por el pueblo y el Senado.
Según Plinio, también fue concedida a Marco Calpurnio Flama, tribuno militar en Sicilia durante la Primera Guerra Púnica, quien lideró a 300 voluntarios en una arriesgada misión para liberar a un ejército consular atrapado en una garganta carthaginense.
El centurión Gneo Petreo Atinas obtuvo la corona durante la guerra contra los cimbrios (113‑101 a.C.), al salvar a una legión completa cuya retirada había puesto en jaque al enemigo.
El dictador Sila asegura haberla recibido de sus tropas en Nola, durante la Guerra Social; Plinio lo menciona con dudas, aunque no lo descarta por completo.
Varro indica que Publio Cornelio Escipión Emiliano la obtuvo en África al rescatar a tres cohortes. Una estatua erigida por Augusto en el foro llevaba una inscripción que conmemoraba el hecho.
Plinio cierra su lista con Augusto, aunque en este caso la corona la concedió el Senado, lo que sugiere un carácter más simbólico que meramente militar.
Controversias y omisiones
Algunos autores incluyen a Quinto Sertorio (quien resistió a Sila en Hispania) en la lista, basándose en su victoria en Cástulo (93 a.C.). Sin embargo, Plinio solo menciona que «deberían haber recibido la que obtuvo Sila», lo que indica que no hay evidencia directa de que Sertorio la haya recibido. La corona siempre se otorgaba por salvar a las propias tropas, no por derrotar al enemigo.
Valerie A. Maxfield comparte la visión de Plinio: los autores que duplican su lista no añaden nombres nuevos, por lo que la lista tradicional de ocho coronas sigue siendo la más fiable.
Representaciones artísticas
Hasta la fecha no se ha encontrado ninguna representación segura de la corona de gramíneas, ni en monedas ni en esculturas.