La invención de la imprenta
La invención de la imprenta de tipos móviles, atribuida al alemán Johannes Gutenberg en el siglo XV, marcó una de las mayores revoluciones de la modernidad. La producción de libros pasó de ser una labor manual y artesanal a convertirse en un proceso mecánico y en serie.
Por Me. Cláudio Fernandes
Orígenes de la imprenta
Alrededor del año 1430, Gutenberg desarrolló una máquina que disponía de una tabla donde se colocaban tipos móviles de plomo, cada uno representando una letra, número o símbolo. Con una sola tinta, esos moldes podían reproducir cientos de copias del mismo texto en cuestión de horas, reduciendo drásticamente el tiempo que antes se necesitaba para elaborar los manuscritos (los llamados códices).
Impacto en la Reforma protestante
Ya a comienzos del siglo XVI, los efectos de la imprenta eran evidentes en los principados alemanes. La difusión de panfletos críticos hacia la reforma iniciada por Martín Lutero se multiplicó gracias a la prensa. En 1517, las 95 tesis y demás escritos se esparcieron rápidamente, impulsando la aceptación del protestantismo entre la población alfabetizada.
El aporte más significativo de Lutero a la historia de la lectura fue la traducción de la Biblia del latín al alemán, una lengua vernácula accesible para la mayor parte de la población. La imprenta permitió que esa versión se imprimiera y distribuyera a gran escala, satisfaciendo una enorme demanda de lectura.
Legado y reflexiones contemporáneas
Desde el siglo XVI, la imprenta siguió evolucionando, al igual que el público lector, cada vez más diverso y exigente. El historiador francés Roger Chartier sugiere que la revolución actual supera a la de Gutenberg, pues no solo cambia la técnica de reproducción del texto, sino también las estructuras y formas del soporte que lo comunica.
“La revolución de nuestro presente es ciertamente mayor que la de Gutenberg. No solo modifica la técnica de reproducción del texto, sino también las propias estructuras y formas del soporte que lo comunica a sus lectores. El libro impreso ha sido, hasta hoy, heredero del manuscrito: en la organización de cuadernos, la jerarquía de formatos, desde el libro de banco hasta el libellus; así como los subsidios de lectura: concordancias, índices, resúmenes, etc. Con el monitor, que reemplaza al códice, el cambio es más radical, pues se modifican los modos de organización, estructuración y consulta del soporte escrito. Una revolución de tal magnitud requiere otros términos de comparación.”
Notas
[1] Chartier, Roger. From the codex to the monitor: the trajectory of writing. Study ave. [en línea]. 1994, vol. 8, n.º 21, pp. 187.