Historia antigua

El Neolítico nos hizo más altos e inteligentes, pero aumentó el riesgo de enfermedades cardíacas

Tras la revolución neolítica, las poblaciones europeas experimentaron un aumento de la estatura y la inteligencia, una disminución de la pigmentación cutánea y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, asociado a una reducción del colesterol HDL “bueno”. Estos cambios reflejan procesos evolutivos continuos y subrayan el profundo impacto del paso de cazadores‑recolectores a agricultores en nuestra salud, según un estudio publicado en Frontiers in Genetics por investigadores de Nijmegen y Hannover.

Al igual que plantas y animales, los humanos presentan rasgos variables que denominamos fenotipo: color de piel, hábitos alimentarios, susceptibilidad a enfermedades, altura, etc. El fenotipo está influido por la genética, la cultura, la dieta y el entorno.

Un equipo de científicos de Nijmegen, en colaboración con el Helmholtz Center for Infection Research (HZI) de Hannover, se propuso rastrear la evolución de rasgos complejos de los europeos modernos hasta hace unos 50 000 años. Rasgos como la altura o la inteligencia son "complejos" porque dependen de docenas o cientos de genes, cada uno con un efecto pequeño.

Arqueología genética

Para identificar los genes que influyen en la altura se emplea la técnica de GWAS (estudios de asociación a lo largo del genoma). Se comparan los genes asociados a la estatura en poblaciones actuales con los de ancestros antiguos cuyo ADN ha sido secuenciado (más de 800 individuos). Así se obtiene una línea temporal que muestra cuándo y cómo cambiaron los alelos relacionados con la altura en Europa.

Aceleración de los procesos evolutivos

Los investigadores no sólo analizaron la altura, sino también la pigmentación cutánea, el índice de masa corporal, el metabolismo de lípidos, la inteligencia y la predisposición a enfermedades cardiovasculares. «En general observamos un cambio claro en varios de estos rasgos antes y después de la Revolución Neolítica, como si la evolución se hubiera acelerado», comenta Mihai Netea del Radboudumc.

El Neolítico marcó la transición de sociedades nómadas de cazadores‑recolectores a comunidades agrícolas sedentarias, lo que supuso cambios drásticos en la dieta y en las costumbres socioculturales.

El Neolítico nos hizo más altos e inteligentes, pero aumentó el riesgo de enfermedades cardíacas

Altura, color de piel y colesterol

Yang Li, investigador del HZI, explica: «Durante este periodo detectamos un aumento de la estatura y una aclaración de la piel. La luz de la piel europea se debió probablemente a migraciones desde poblaciones del Oriente Medio con menos melanina. En la mayoría de los genes ligados al metabolismo y a la enfermedad cardiovascular los cambios fueron escasos, salvo una excepción clara: el colesterol HDL, el llamado “colesterol bueno”, disminuyó notablemente. Esa reducción eleva el riesgo de aterosclerosis, pero también parece estar relacionada con la inteligencia».

Inteligencia

La caída del HDL plantea la cuestión de su posible ventaja evolutiva. Li sugiere: «Quizá la disminución del HDL favoreció el desarrollo cognitivo, ya que el colesterol es esencial para la formación y el funcionamiento del cerebro. Algunas variantes genéticas (polimorfismos) en la ruta del colesterol se han asociado a funciones cognitivas, mientras que diferencias en los niveles de HDL y LDL se relacionan con inteligencia, aprendizaje y memoria. Son hipótesis, no pruebas definitivas, pero ilustran la importancia de investigar los factores que moldean rasgos humanos complejos».

Aplicaciones actuales

Este tipo de investigación evolutiva también es útil hoy. Netea afirma: «Comprender la fisiología de los humanos contemporáneos nos permite diseñar medidas de salud pública más adaptadas a cada población».

Por ejemplo, se ha descubierto que las poblaciones asiáticas presentan un mayor riesgo de complicaciones metabólicas y cardiovasculares a índices de masa corporal más bajos que los europeos, lo que debe considerarse al planificar estrategias preventivas.

Ante la masiva migración del campo a la ciudad, acompañada de cambios en hábitos sociales, alimentarios y ambientales, surge la pregunta: ¿qué implicaciones tendrán estos factores en los rasgos fisiológicos humanos, en la presión evolutiva sobre nuestros genes y en la aparición de enfermedades en las sociedades modernas?