Historia antigua

Moneta, la diosa romana cuyo nombre dio origen a la palabra “moneda”

Durante una visita a Roma, muchos viajeros suben al Capitolio, la colina que vio nacer la ciudad. Allí se encuentran la famosa Piazza del Campidoglio, con el Palazzo Senatorio de Miguel Ángel, la estatua ecuestre de Marco Aurelio y los Museos Capitolinos, donde se conserva la icónica Loba Capitolina. En ese mismo entorno se ubicó el antiguo Templo de Juno Moneta, probablemente donde hoy está la iglesia de Santa María en Aracoeli o en la escalinata trasera, junto a la antigua casa de la moneda romana. De allí proviene la palabra española moneda.

Del latín al español: el origen de moneda

El vocablo latino moneta se difundió a través del griego y del latín clásico. Los romanos abreviaban el término como ment, y autores como Ovidio, Cicerón, Marcial o Juvenal lo usaron en sus obras. De esa raíz surgieron palabras en muchas lenguas: money (inglés), mint (inglés), monetario (español), entre otras. Curiosamente, el término money también deriva del nombre de la moneda de plata romana, el denario.

El Templo de Juno Moneta

El Templum Iunonis Monetæ no solo albergaba la casa de la moneda, sino también los Libri Lintei, los archivos oficiales de la administración romana, llamados así por la tela que cubría los rollos. En la época de Domiciano, la mayor parte de los talleres acuñadores se trasladó a los alrededores del Coliseo, pero el templo siguió siendo un símbolo del poder financiero del Estado.

Moneta, la diosa romana cuyo nombre dio origen a la palabra “moneda”

¿Quién era Juno Moneta?

Juno, hija de Saturno y Ops, hermana y esposa de Júpiter, madre de Marte, Vulcano y Lucina, era una de las divinidades más importantes del panteón romano. Formaba parte de la tríada capitolina junto a Júpiter y Minerva (nacida de la cabeza de Júpiter tras devorar a Mente). La mitología romana, a diferencia de la griega, incorporó también influencias etruscas, cuya tríada estaba compuesta por Tinia, Uni y Menrva.

Juno poseía numerosos epítetos que reflejaban sus distintas funciones: Mater, Curitis, Lucina, Regina, Caelestis, Caprotina, Fluvia, Tutula, Februalis, Ossipagina, Pronuba, Pomona, Cinxia, Interduca, Dominuca… No está claro si todos fueron usados en el culto o algunos fueron invenciones poéticas, pero el epíteto Moneta sí lo fue.

Moneta, la diosa romana cuyo nombre dio origen a la palabra “moneda”

Moneta, protectora de la riqueza

Como diosa del Estado, Juno Moneta velaba por la fortuna de Roma. Por eso, las casas de moneda se llamaron Casa de la Moneda y, antes de la reforma de Diocleciano en el siglo III d.C., los créditos llevaban la inscripción SM (Sacra Moneta). En la iconografía la diosa aparece con una balanza, el cuerno de la abundancia y herramientas de acuñación (martillo, tenazas, yunque), acercándola a Vulcano, su hermano forjador.

El origen del epíteto Moneta

Existen dos teorías principales:

1. Derivación del verbo monēre

El latín monēre significa ‘advertir, aconsejar, instruir’. Según esta hipótesis, Juno Moneta advertía a los romanos sobre peligros externos. Cicerón relata que la diosa, tras presagiar un terremoto, pidió el sacrificio de una jabalina, una historia vinculada a la famosa leyenda de las gansos sagrados que alertaron a la ciudad de una invasión galia en el 390 a.C.

2. Influencia griega y origen externo

Otra versión sostiene que Moneta proviene de una divinidad pre‑romana, adoptada al llegar a la ciudad. En la enciclopedia bizantina Suda se menciona a Μονήτα como un nombre griego que, traducido al latín, significaba ‘consejera’ (moneo). La historia cuenta que los romanos rezaron a Hera (Juno) durante la guerra contra Pirro; ella prometió que no les faltaría dinero si luchaban con justicia, y la ciudad la honró como Hera Moneta, estableciendo allí la casa de la moneda.

Una tercera variante asocia Moneta con el griego moneres (‘único, singular’) y con el escritor libio Livio Andrónico, esclavo liberado que tradujo la Odisea al latín. En uno de sus versos menciona a Moneta como la hija de la diosa, equiparándola a Mnemosine, diosa de la memoria. Así, la asociación entre el templo, los archivos (Libri Lintei) y la acuñación reforzó la conexión entre “memoria” y “moneda”.