El genocidio de 1915
El 24 de abril de 1915 marcó el inicio de la primera gran masacre del siglo XX, conocida como el genocidio armenio. Más de un millón de armenios fueron asesinados y deportados por el gobierno otomano liderado por los Jóvenes Turcos, una organización nacionalista que buscaba crear un estado al estilo de las potencias europeas y consideraba a las minorías étnicas como obstáculos para su proyecto.
Hasta 1917, la persecución también alcanzó a otras minorías cristianas y ortodoxas griegas.
Traición de las potencias occidentales
Los armenios fueron abandonados por las potencias occidentales. En 1923, el Tratado de Lausana anuló el Tratado de Sèvres (1920), que había preveído la creación de un Armenia independiente en la tierra histórica, según la propuesta del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Como resultado, sólo quedó una pequeña zona bajo el nombre de República Democrática de Armenia, que se incorporó a la Unión Soviética a principios de los años veinte y recuperó su independencia en 1991.
¿Quiénes son los armenios?
Antes de convertirse al cristianismo, los armenios ya existían como pueblo. Según la tradición, la Iglesia Armenia fue fundada por los apóstoles Judas Tadeo y Bartolomé. En el año 301 d.C. Armenia se convirtió en la primera nación en declarar el cristianismo como religión oficial del Estado.
Historia milenaria y resistencia cultural
El territorio armenio pasó por diversas conquistas: los romanos bajo Pompeyo en 69 a.C., luego los mongoles, turcos, árabes, persas y, nuevamente, los turcos, hasta la llegada de los soviéticos. A pesar de estos cambios, el pueblo mantuvo su identidad.
Los armenios se refugiaron en las montañas o emigraron al extranjero, siempre llevando sus libros y copiándolos. Su cultura es vasta, no solo por la cantidad de obras, sino por la fuerza de su identidad. Los armenios saben quiénes son, y esa seguridad los convierte en un referente para quienes buscan afirmar su propia identidad.