Historia antigua

Guerra de los Treinta Años

La Guerra de los Treinta Años (1618‑1648) marcó un punto de inflexión en la Europa moderna por varias razones:

  • Consolidó la libertad religiosa en numerosos estados.
  • Destacó a militares como Gustavo Adolfo, Wallenstein y Turenne.
  • Permitió que Francia alcanzara la hegemonía en Europa Central.
  • Restableció el equilibrio europeo, amenazado por las victorias de Carlos V.

Causas de la Guerra de los Treinta Años

Los factores fueron religiosos, políticos e internacionales.

Religiosas

  1. La intención del emperador Fernando II de imponer el catolicismo en los estados alemanes.
  2. Los conflictos confesionales en Bohemia.

Políticas

  1. El deseo del propio emperador de transformar el Sacro Imperio, electivo, en una monarquía hereditaria.
  2. La rivalidad entre el emperador y los príncipes alemanes que gobernaban sus territorios.

Internacionales

  1. El plan francés de debilitar a la Casa de Austria y restablecer el equilibrio europeo.
  2. La competencia comercial de Alemania con Dinamarca y Suecia en el mar Báltico.

Fases de la guerra

1. Fase Palatina (1618‑1625)

El conflicto comenzó en Bohemia, donde protestantes y católicos se enfrentaron. El 23 de mayo de 1618, los protestantes arrojaron a dos funcionarios católicos por la ventana del Castillo de Praga, episodio conocido como la Defenestración de Praga. Los rebeldes proclamaron que el emperador Fernando II no tenía derecho a gobernar en Bohemia y invitaron al elector Federico V del Palatinado a asumir el trono.

Federico aceptó, pero su falta de preparación militar llevó a una derrota decisiva en la Batalla de la Montaña Blanca a manos del general católico Albrecht von Tilly. Tras la victoria, Tilly saqueó Praga y Fernando II prohibió la libertad religiosa, confiscando además los territorios del Palatinado.

2. Fase Danesa (1625‑1629)

Ante la creciente hegemonía católica, los príncipes protestantes buscaron apoyo en el rey cristiano IV de Dinamarca, rival comercial de Alemania en el Báltico. El emperador confió al experimentado general Wallenstein y a von Tilly la defensa del imperio.

Tras varios reveses, Dinamarca firmó la Paz de Lübeck (1629), comprometiéndose a no intervenir en los asuntos protestantes alemanes a cambio de la garantía de sus fronteras.

En represalia, Fernando II emitió el edicto de restitución, obligando a los príncipes a devolver a la Iglesia los bienes secularizados durante la Reforma.

3. Fase Sueca (1630‑1635)

Dos motivaciones impulsaron la intervención sueca: la rivalidad comercial con Alemania y la diplomacia del cardenal Richelieu, que animó a Suecia a atacar al emperador antes de que Francia entrara en la guerra.

El rey Gustavo Adolfo (Gustavus Adolfus) introdujo innovaciones militares, como el fusil de avancarga y la bayoneta. Sus victorias en Leipzig y Lützen contra Tilly y Wallenstein, respectivamente, fueron decisivas, aunque Gustavo cayó muerto en Lützen.

Sin su liderazgo, los suecos perdieron terreno; la fase concluyó con la Paz de Praga (1635), que favoreció al emperador y dejó a Suecia en una posición desfavorable.

4. Fase Francesa (1635‑1648)

El cardenal Richelieu, convencido de que era el momento de destruir la Casa de Austria, llevó a Francia al conflicto. Formó alianzas con Bernardo de Sajonia, los Países Bajos y príncipes italianos, y puso al frente a los generales Bernard de Saxe‑Weimar y el audaz Turenne.

Tras éxitos en Alsacia y la captura de Arrás, los franceses amenazaron incluso con avanzar hacia Viena. La muerte del emperador Fernando II y la sucesión de Fernando III, junto con el ascenso de Luis XIV en Francia, facilitaron la conclusión del conflicto.

Tratado de Westfalia (1648)

El acuerdo más influyente de la era moderna, cuyas disposiciones aún repercuten:

  1. Reconocimiento de la soberanía de cada príncipe dentro del Sacro Imperio.
  2. Garantía de plena libertad religiosa para católicos, luteranos y calvinistas.
  3. Cesión de Alsacia y Lorena a Francia.

Tratado de los Pirineos (1659)

Como la guerra también involucró a España, se firmó el Tratado de los Pirineos, mediante el cual España cedió a Francia Roussillon y parte de Artois. Con ello se consolidó el fin de la Guerra de los Treinta Años.

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