La aparición de nuevos estados europeos fue uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XVIII. Prusia se consolidó como potencia gracias a la familia Hohenzollern, que había gobernado el Electorado de Brandeburgo desde el siglo XV. Ese territorio sería la base del futuro Imperio alemán. Otro gran Estado fue Rusia, cuya formación se remonta a dos pueblos: los moscovitas, fundadores de la ciudad de Moscú, y los suecos, que bajo el mando de Rurík establecieron la pequeña república de Novgorod en los siglos XII‑XIII.
Estados emergentes en Europa
Austria
Territorios que la componían
En 1714 el Imperio austríaco incluía el ducado homónimo, los reinos de Bohemia y Hungría, los Países Bajos, así como los dominios italianos de Milán y Parma. El monarca también ostentaba el título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Cada región conservaba su capital y sus instituciones, aunque todas estaban bajo la autoridad del mismo emperador.
El reinado de María Teresa
Tras la muerte del emperador Carlos VI (1711), su hija María Teresa accedió al trono. Su sucesión fue rechazada por algunos electores, como los de Sajonia y Baviera, lo que desencadenó la Guerra de Sucesión Austriaca, en la que intervinieron Prusia, Francia, España y, más tarde, Inglaterra. A pesar de la presión de las potencias europeas, la reina logró mantener la integridad del imperio, aunque perdió la provincia de Silesia a manos de Prusia. Intentó recuperarla, pero tras siete años de conflicto fue derrotada por Federico II de Prusia. Más adelante, Austria participó, junto con Rusia y Prusia, en el reparto de Polonia, que desapareció del mapa.
José II
María Teresa fue sucedida por su hijo José II, quien en una década de gobierno (1780‑1790) proclamó la igualdad jurídica, declaró el alemán como lengua oficial del reino y, pese a ser católico, garantizó la libertad religiosa. Sus reformas provocaron protestas violentas en distintas regiones y, al morir, quedó desilusionado por la escasa acogida de sus ideas.
Prusia
Prusia se erigió como potencia en el siglo XVIII gracias a la familia Hohenzollern, que había gobernado el Electorado de Brandeburgo desde el siglo XV. Ese territorio se transformó posteriormente en el Imperio alemán, cuyo fin llegó tras la Primera Guerra Mundial (1918). Inicialmente Prusia consistía en un conjunto de pequeños estados que los Hohenzollern unificaron; sin fronteras naturales, desarrollaron el ejército más eficiente de Europa para protegerse.
Federico Guillermo I, el Rey Sargento (1713‑1740)
Convencido de que la grandeza de la patria dependía de un ejército poderoso, instauró el servicio militar obligatorio, proclamando que todo prusiano nacía para ser soldado. Redujo al mínimo los gastos de la corte, que contaba con apenas 37 cortesanos y muebles sencillos, destinando los recursos a la milicia. Su único ocio consistía en beber cerveza con sus oficiales y observar los ejercicios de las tropas. El cuerpo de oficiales estaba reservado a la nobleza; los plebeyos sólo podían alcanzar el rango de Alférez. Para favorecer la industria nacional, impuso altos aranceles a los productos extranjeros.
Federico Guillermo II, el Grande (1740‑1786)
Hijo de Federico Guillermo I, fue un monarca ilustrado y un destacado líder militar. Conquistó territorios como Silesia (a Austria) y la Polonia prusiana (a Polonia). Durante sus 23 años de reinado duplicó el tamaño del ejército (de 80 000 a 160 000 hombres) y amplió el territorio de 120 000 a 200 000 km². Fundó escuelas, protegió la industria, el comercio, a artistas y filósofos. Prusia se consolidó como una gran potencia.
Rusia
Orígenes
Hasta el siglo XVI, los territorios que hoy forman Rusia estaban poblados por tribus eslavas y finlandesas bajo el dominio de los tártaros mongoles, lo que limitaba su desarrollo.
Iván el Terrible
A comienzos del siglo XVI, Iván IV, conocido como Iván el Terrible, príncipe de Moscú, liberó al principado del yugo mongol y fundó el estado ruso de Moscovia, con Moscú como capital. Se autoproclamó «zar», título que significaba Gran Rey de toda Rusia. Su gobierno fue absoluto; la sociedad estaba dividida entre los boyardos (nobles terratenientes) y los mujiks (campesinos ligados a la tierra). Con la fuerza militar amplió considerablemente el territorio ruso.
Dinastía Romanov
Tras la muerte de Iván el Terrible, siguieron luchas internas hasta que el zar Miguel I de Romanov ascendió al trono, iniciando una dinastía que perduró hasta 1917, cuando el último monarca, Nicolás II, fue ejecutado. El zar más destacado de la familia fue Pedro I, conocido como Pedro el Grande.
Pedro I, el Grande (1689‑1725)
Pedro I accedió al trono a los 17 años. De más de dos metros de altura, gobernó con mano firme y comprendió la necesidad de modernizar a Rusia. Fue un ferviente admirador de la cultura occidental: estudió la construcción naval y de fortificaciones en Europa, fundó escuelas, academias, imprentas, bibliotecas y fábricas, y obligó a la población a adoptar vestimentas más modernas, a veces con la fuerza del látigo. Creó la ciudad de San Petersburgo en la costa del mar Báltico para acercarse a Europa, y estableció instituciones militares, de ingeniería y medicina. Además, impulsó la agricultura, el comercio y la industria.
Catarina II, la Grande (1763‑1796)
Después de Pedro el Grande, el trono pasó a Pedro II y luego a Pedro III, este último incapaz y depuesto por su esposa, la princesa alemana Catalina. Ella se proclamó emperatriz bajo el nombre de Catalina II, la Grande, y durante sus 33 años de gobierno realizó importantes reformas internas y externas:
- Internas: sofocó una rebelión cosaca, colonizó las regiones del Volga y Ucrania con colonos extranjeros, introdujo el cultivo de la papa, abrió hospitales y fundó ciudades como el puerto de Sebastopol.
- Externas: en la guerra contra el Imperio otomano obtuvo la península de Crimea y el acceso al mar Negro; y, junto a Austria y Prusia, participó en la partición de Polonia, incorporando Lituania y otros territorios, lo que provocó la desaparición de Polonia del mapa hasta 1918.
Catarina dejó a Rusia como una de las grandes potencias europeas.