Los Caballeros de San Juan y su amenaza al Imperio Otomano
Durante siglos, los Caballeros de San Juan representaron una amenaza constante para el Imperio Turco. Aunque nunca disponían de grandes fuerzas numéricas en tierra o mar, su superioridad cualitativa compensaba con creces la inferioridad numérica.
La batalla del 28 de septiembre de 1644
El 28 de septiembre de 1644, seis galeras de la Orden, bajo el mando del almirante Chevalier Boisbaudran, avistaron a 70 nm de Rodas una convoy turco compuesto por diez embarcaciones que se dirigían hacia Alejandría.
Los barcos de los Caballeros eran, además del buque insignia, los siguientes: St. Lavrentios, Santa María, Vitoria, St. Joseph y St. John.
Entre los navíos turcos había galeras de gran calado y numerosos cañones. En una de ellas viajaban personajes importantes de la corte otomana en peregrinación a La Meca; se rumorea que incluso una mujer del harén del sultán formaba parte de los pasajeros.
Desarrollo del combate
Boisbaudran persiguió de inmediato lo que creyó era una galera turca; al acercarse descubrió que era griega y dio la vuelta para reunirse con sus barcos. Mientras tanto, St. Lavrentios, Santa María y Vitoria atacaron una gran galera turca, y St. Joseph y St. John se lanzaron contra una embarcación menor.
El almirante también se unió al asalto contra la galera principal. Se desencadenó un enfrentamiento épico con todo tipo de armas mortales. Los Caballeros lograron embarcarse sobre el navío turco, mucho más alto, pesado y robusto.
Lo que siguió fue “la apertura de las puertas del infierno”: los caballeros, espada en mano, cargaron contra los turcos que defendían ferozmente. Boisbaudran cayó en combate, convertido en héroe.
Resultado
Después de siete horas de sangrienta lucha, más de 220 turcos de una tripulación que superaba los 600 fueron asesinados y el resto se rindió. Los Caballeros, bajo el mando del capitán del St. Lavrentios, Raphael Cottoner, remolcaron la galera capturada y también una segunda galera turca más pequeña. Las demás naves otomanas se retiraron, aunque dañadas.
Las bajas de los Caballeros fueron 82 muertos y 170 heridos, cifras muy superiores a las turcas. Tras la victoria, la flota se dirigió a Creta, donde dejó prisioneros y parte del botín.
Consecuencias
Este enfrentamiento fue uno de los desencadenantes de la Guerra de Creta (1645‑1669), ya que los turcos acusaron a los venecianos de complicidad en el ataque. La gran galera turca no llegó a Malta; fue abandonada en alta mar y acabó encallada en la costa de Calabria.