Madrugada
Los niños se levantaban antes del amanecer para iniciar su día con ejercicios físicos intensos: carreras, lucha libre, gimnasia y otras pruebas que forjaban fuerza y agilidad.
Después se sumergían en el río Eurota, sin importar el clima, para acostumbrarse al frío y demostrar resistencia.
Mañana
Participaban en el syssitia, la comida comunitaria donde aprendían modales, disciplina y el sentido de camaradería.
Seguidamente asistían a entrenamientos militares: prácticas de armas, formaciones y simulacros de combate.
También recibían instrucción básica en historia, literatura, música y aprendizaje de la lectura y la escritura.
Tarde
Continuaban con el entrenamiento físico y los ejercicios de guerra.
Realizaban actividades al aire libre, como la caza y ejercicios de supervivencia, para desarrollar la autosuficiencia.
Practican artes marciales como el pankration (una combinación de lucha y boxeo) y el combate armado.
Noche
Se reunían para debates y discusiones, afinando su pensamiento crítico y oratoria.
Escuchaban relatos de hazañas heroicas que reforzaban los valores espartanos y fomentaban el valor.
Jugaban y realizaban actividades grupales que fortalecían la cohesión y el trabajo en equipo.
En todo momento
Se esperaba que mostraran coraje, autodisciplina y obediencia absoluta a la autoridad.
El sufrimiento y la incomodidad eran parte integral de su educación, enseñándoles a soportar la adversidad.
Aprendían a anteponer el honor, la lealtad y el bienestar del Estado espartano sobre los deseos personales.
La agogé no solo formaba guerreros, sino ciudadanos totalmente comprometidos con la supremacía de Esparta.