Templos romanos
Elevación: Se construyen sobre un podio alto que los separa del terreno circundante.
Simetría y regularidad: La composición enfatiza la ordenación geométrica y la uniformidad.
Columnas: Predominan los órdenes corintio y compuesto, más elaborados que los dóricos.
Elementos estructurales: Uso frecuente de arcos, cúpulas y bóvedas.
Decoración interior: Ricos relieves, esculturas y pinturas que adornan el interior.
Foco central: El altar está dedicado al dios principal o al emperador.
Planta: Forma rectangular con un pórtico frontal de columnas.
Fachada: Se destaca con esculturas elaboradas y un frontal imponente.
Templos griegos
Base escalonada (crepidoma): Se asientan sobre una plataforma de varios niveles.
Armonía y proporción: La arquitectura persigue el equilibrio y la proporción matemática.
Columnas: Se emplean los órdenes dórico, jónico y corintio, con mayor austeridad en los dóricos.
Techos: Techumbre triangular con frontón (gabled roof).
Escultura: Las esculturas se sitúan principalmente en los frontones y metopas, entre los triglifos.
Enfoque divino: La decoración narra mitos y episodios de los dioses.
Planta: Forma rectangular con pronaos (pórtico frontal) y opistodomos (pórtico posterior).
Énfasis estructural: Se valora la totalidad del edificio y su simetría, con menor atención a la fachada individual.
En resumen, los templos romanos destacan por su podio elevado, uso de arcos y una fachada ornamentada, mientras que los templos griegos se caracterizan por su base escalonada, proporciones armónicas y una decoración escultórica concentrada en los frontones.