Los vikingos eran navegantes hábiles que realizaron extensas travesías por el Océano Atlántico Norte, el Mar Báltico y el Mediterráneo. Dependían de las estrellas y del sol para orientarse, y también utilizaban una brújula rudimentaria para encontrar su rumbo.
Además, empleaban la técnica conocida como «cálculo por estima» (dead reckoning), que consistía en estimar su posición a partir de la distancia recorrida y la dirección seguida.