En la Edad Media, la embriaguez pública se consideraba una falta grave que podía alterar el orden social. Las sanciones variaban según la región, la época y el estatus del infractor, pero solían combinar castigos físicos, humillación y restricciones legales.
Principales penas aplicadas
1. Multas y sanciones económicas
Los ebrios eran obligados a pagar una multa que podía consistir en dinero o en productos. El importe dependía del grado de intoxicación y de la posición social del acusado.
2. Humillación pública
Se les hacía desfilar por las calles portando carteles que señalaban su delito. En algunos casos se les entregaba una corona de papel o una prenda especial que simbolizaba su borrachera, con el objetivo de avergonzarlos ante la comunidad.
3. Zambullida (ducking, cucking)
Consistía en sumergir al infractor en agua –río, estanque o pozo– como forma de escarnio y disuasión. La inmersión podía repetirse varias veces hasta que el culpable recobrara la compostura.
4. Pozos y picotas
Los borrachos podían ser encerrados en pozos o picotas, dispositivos que los inmovilizaban en lugares públicos. Allí estaban expuestos a la burla y al escarnio de los transeúntes.
5. Azotes o flagelación
En algunas jurisdicciones se aplicaba el castigo corporal mediante látigos o fustas para disuadir futuros excesos.
6. Pérdida de privilegios
Se les podían retirar derechos civiles como el voto o la posibilidad de ocupar cargos públicos. También podían ser expulsados de gremios y corporaciones comerciales.
7. Destierro
En casos extremos, el infractor era expulsado de su aldea o ciudad, una medida destinada a proteger la convivencia del resto de la comunidad.
8. Medidas correctivas
Algunas localidades establecían “casas de corrección moral”, donde los ebrios recibían orientación, trabajo y, en ocasiones, tratamiento para abordar la causa de su consumo excesivo.
En definitiva, la severidad del castigo reflejaba la percepción social del alcohol y el nivel de alteración que provocaba en la vida colectiva.