Descubrimientos arqueológicos

La historia de los sarcófagos fenicios de Cádiz y el hombre al que nunca agradecieron

Descubrimiento del sarcófago masculino (1887)

En 1887, con motivo de la Exposición Marítima Internacional de Cádiz, se limpiaron los terrenos de la llamada Punta de la Vaca. Las excavaciones revelaron una necrópolis fenicio-púnica a unos cinco metros de profundidad. Los objetos funerarios fueron saqueados por los obreros, que los vendieron a particulares.

Entre los hallazgos surgió un sarcófago de mármol antropoide masculino, tallado en dos piezas de mármol blanco: la caja y la tapa. En la tapa se representa a un hombre reclinado con tocado egipcio, barba rizada y simétrica, el brazo izquierdo cruzado sobre el pecho y, en la mano derecha, lo que parece un laurel pintado (ya desaparecido). Sus pies descalzos descansan sobre un pedestal con el dedo gordo muy separado, señal de sandalias. Los ojos están abiertos y lleva una túnica ajustada sin mangas. Probablemente fue elaborado en Sidón o en el sur de Italia por artesanos greco‑fenicios alrededor del 450‑401 a.C.

La historia de los sarcófagos fenicios de Cádiz y el hombre al que nunca agradecieron

Destrucción y origen del Museo Arqueológico

El 18 de agosto de 1947 una explosión en el almacén del ejército destruyó gran parte de la necrópolis, arrasando varios barrios de la ciudad. Los restos del sarcófago y de otros objetos recuperados sirvieron de base para crear el Museo Arqueológico de Cádiz.

Pelayo Quintero Atauri y su obsesión

Alrededor de 1904 llegó a Cádiz el arqueólogo Pelayo Quintero Atauri (Uclés, Cuenca, 1867). Fue director de excavaciones en Segóbriga, profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, director del Museo Provincial de Bellas Artes y miembro de la comisión de monumentos, entre otros cargos.

Quintero se dedicó a desenterrar necrópolis púnicas y romanas, recuperando joyas, ánforas, cuencos de ungüento y faroles que hoy se conservan en el museo. Su verdadera pasión eran los sarcófagos fenicios. Tras el hallazgo del masculino en 1887, comenzó a buscar incansablemente uno femenino, tanto que, según la prensa de la época, soñaba con la "Señora de Cádiz". Nunca la encontró y falleció en Tetuán el 27 de octubre de 1946.

El hallazgo de la "Dama de Cádiz" (1980)

El 26 de septiembre de 1980, durante la excavación para los cimientos de un nuevo edificio en la calle Ruiz de Alda, se desenterró un sarcófago fenicio femenino datado alrededor del 470 a.C. Curiosamente, el edificio que allí se construyó antes había sido la casa del propio Pelayo Quintero.

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Teorías y leyendas

El descubrimiento ha generado todo tipo de teorías conspirativas. Algunos sugieren que Quintero habría ocultado el sarcófago en su jardín; otros afirman que ya antes de 1939 había documentado su contenido. Hasta la fecha no existe evidencia que respalde esas hipótesis.

Características de la Dama de Cádiz

Al igual que su contraparte masculina, el sarcófago está compuesto por caja y tapa de mármol. En la representación femenina se observan restos de pigmentos. La mano derecha está extendida, mientras que la izquierda sostiene un álcali con tapa.

El interior contenía un ajuar funerario de dos pares de pestañas de bronce, cinco amuletos colgantes en forma de ureo (representación de la diosa Wadjet como cobra erguida), un escarabajo y cuatro clavos de bronce.

Legado

Ambos sarcófagos se exhiben hoy juntos en el Museo de Cádiz, constituyendo la mejor muestra de la presencia fenicia en la península ibérica. Desde 2011, la plaza de su natal Uclés lleva una estatua de Pelayo Quintero, mientras la prensa gaditana lo recuerda como "el hombre al que nunca agradecieron".