Introducción
Una de las cosas que más sorprende a los visitantes al interior de una pirámide —y a la arquitectura egipcia en general— es que sus paredes están casi completamente cubiertas de jeroglíficos.
No se trata de simples decoraciones, sino de una amplia gama de fórmulas mágicas, conjuros y oraciones destinadas a ayudar al difunto a cruzar el inframundo y alcanzar la vida eterna. Estas inscripciones constituyen el conjunto de textos más importante del Antiguo Reino, conocido hoy como Textos de las Pirámides.
Descubrimiento y estudio
Los textos no forman un corpus ordenado, pues fueron escritos por distintas manos a lo largo de varios siglos. La referencia más antigua corresponde a la pirámide de Unas, último faraón de la V dinastía, donde se hallaron 228 fórmulas grabadas en paredes y techos. Con el tiempo el número de conjuros aumentó, y el egiptólogo y filólogo inglés Raymond Oliver Faulkner los recopiló en su obra de 1969 The Ancient Egyptian Pyramid Texts.

Sin embargo, el descubrimiento inicial lo realizó Gaston Maspero, director del Instituto Francés de Arqueología Oriental. En 1881, bajo las órdenes de Auguste Mariette, excavó Saqqara y encontró la pirámide de Pepi I, cuyas paredes estaban cubiertas de jeroglíficos pintados de azul. Más tarde desenterró también las pirámides de Merenre I, Teti, Pepi II y Unas, publicando en 1894 la primera compilación titulada Les inscriptions des pyramides de Saqqarah. La traducción alemana de Kurt Heinrich Sethe (1910) sigue siendo la más fiel.

Otros arqueólogos, como Gustave Jéquier, siguieron ampliando el corpus al excavar las pirámides de las reinas Neith, Iput II y Wedjebetni, y la de Kakaura Ibi (VIII dinastía). En total, los textos se han hallado en las pirámides de once monarcas.
Estructura y contenido de los textos
Los textos deben leerse de adentro hacia afuera, comenzando por la cámara funeraria, donde el difunto se supone que resucitará, abandonará el sarcófago y saldrá al mundo exterior. En la pirámide de Pepi I el recorrido se invierte, siguiendo una procesión funeraria desde el vestíbulo (metáfora del templo del valle) pasando por el corredor, la antecámara (templo superior) y finalmente la cámara interior.

En la pirámide de Unas, la más pequeña del Antiguo Reino, los 228 jeroglíficos azules cubren todas las paredes interiores, salvo tres zonas: la parte baja de la cámara funeraria (alusivo a esteras de caña), el sarcófago (representa el palacio real en negro y verde) y el techo (azul estrellado). Curiosamente, el sarcófago de basalto no lleva inscripciones, ni siquiera el nombre del faraón.
Los textos se agrupan en tres grandes temáticas:
1. Ofrecimientos y libaciones
Ejemplo: “Aquí el pan vuela, el pan sigue volando hacia mis moradas”.
2. Conjuros de protección
Incluyen hechizos contra animales peligrosos (representados con cabezas decapitadas) y fórmulas para evitar obstáculos terrestres, como: «Oh, rey, tu madre Nut se extiende sobre ti para alejar todo mal y protegerte, y tú eres el mayor de sus hijos».

3. Ritual funerario y ascenso al cielo
Contienen himnos religiosos, conjuros y leyendas, como la lucha entre Horus y Seth o fragmentos cosmogónicos sobre Atum. También describen ceremonias como la apertura de boca y ojos, que permitían al difunto hablar, oír, ver y comer en el más allá.

Dos corrientes teológicas se reflejan en los textos:
- El mito solar, probablemente originado en Heliópolis, guía al faraón desde el Dat (primer cielo donde reina Horus) hasta el reino celestial de Ra.
- La cosmología estelar, que asocia la resurrección con las estrellas circumpolares, eternas porque nunca se ponen. Los egipcios las llamaban “los que no conocen el cansancio”.
Legado y evolución
Los Textos de las Pirámides fueron compilados entre la VI y la VIII dinastía (aprox. 2500‑2200 a.C.). Posteriormente, aunque la construcción de pirámides cesó, continuaron utilizándose en mastabas y tumbas de oficiales del Nuevo Reino.
Durante el Primer Período Intermedio (2190‑2052 a.C.) sirvieron de modelo para los Textos de los Sarcófagos, inscripciones que relataban la vida y logros de los nobles. En el Nuevo Reino, estos evolucionaron hacia los papiros funerarios, dando origen al Libro de los Muertos, que democratizó la inmortalidad, haciéndola accesible según los recursos económicos más que por linaje.