Un equipo de arqueólogos españoles ha desenterrado los restos de un jardín funerario en la necrópolis de Abu el Naga Draa, cerca de Luxor, en el antiguo Tebas.

Se trata de un jardín de alrededor de 4 000 años de antigüedad, cuyo descubrimiento aporta una visión inédita de los rituales vegetales que acompañaban a los egipcios en su tránsito al más allá.
Características del jardín
El pequeño huerto, de 3 m por 2 m, se hallaba en la entrada de una tumba del Reino Medio (2040‑1782 a.C.). En compartimentos de unos 30 cm de lado se cultivaban plantas y flores, y en ellos se preservaron finas capas de limo y raíces casi intactas tras casi cuatro milenios.
Entre los cultivos más frecuentes en los frescos de la época aparecen sicómoros y palmeras; los investigadores españoles esperan confirmar su presencia entre los restos encontrados. Según explican, especies como la palma, el sicómoro o la persea (pariente del aguacate) estaban vinculadas a la resurrección, mientras que la lechuga simbolizaba la fertilidad y, por ende, la vida.

Representación de un jardín funerario con sus pequeños cuadriláteros. © CSIC
Objetos hallados
Junto a los vestigios vegetales se encontraron pequeños recipientes de cerámica que contenían dátiles y semillas, probablemente ofrendas procedentes del propio jardín.

Restos de dátiles y semillas conservados en cerámica durante 4 000 años. © CSIC
Una capilla de ladrillo situada en la entrada de la tumba albergaba tres estelas posteriores al entierro y al jardín. Datadas en la dinastía XII (c. 1800 a.C.), una menciona a Renef‑seneb, otra a Khememi, "hijo de la señora de la casa Satidenu", y la tercera invoca a los dioses locales de Tebas: Montu, Ptah, Sokar y Osiris.
Importancia simbólica
Estos jardines cultivados tenían un profundo significado simbólico, ofreciendo información sobre creencias religiosas, prácticas funerarias y la cultura de una Tebas que ya era la primera capital del reino unido de Alto y Bajo Egipto. Son testimonios raros y valiosos de paisajes vegetales que representaban el ciclo de la vida y la resurrección, conceptos centrales para los antiguos egipcios.
Desde tiempos milenarios, los habitantes del Nilo decoraban tumbas con guirnaldas de apio, manzanilla, frutas, amapolas y dientes de león, y también colocaban flores sobre las momias y sarcófagos. En algunos casos se hallaban capas de cebolla bajo los párpados o entre los dedos de los pies. Bajo el vendaje de Ramsés II se encontraron lirios de agua completos; en otras tumbas aparecen acianos traídos de Siria por el faraón jardinero Tutmosis III alrededor del 1500 a.C., quien, según relieves, regresaba de sus campañas militares con árboles enteros y mantenía un auténtico jardín botánico en su sepulcro.