El ADN revela la continuidad de las variedades de uva
Un estudio internacional publicado en Nature Plants comparó el ADN de semillas de uva halladas en yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro, la época romana y la Edad Media con las variedades actuales. Los resultados muestran que muchas cepas siguen prácticamente sin cambios después de casi 2000 años.
Hallazgos destacados
‑ Las semillas del siglo XI recuperadas en un sitio eclesiástico cerca de Orléans coinciden genéticamente con el Savagnin Blanc, usado para el famoso “vino amarillo” del Jura.
‑ Semillas romanas del siglo I encontradas en Tourbes (Hérault) presentan una línea directa con el Savagnin medieval, lo que indica una transmisión ininterrumpida durante más de un milenio.
‑ Algunas semillas romanas están estrechamente relacionadas con la Mondeuse Blanche, una uva de Saboya cercana al Syrah y al Pinot Noir.
¿Cómo se logró?
Se secuenciaron 783 variedades modernas y se compararon con 28 semillas antiguas. La base de datos provino del mayor repertorio del mundo, el huerto Vassal cerca de Sète, que alberga unas 4 000 cepas diferentes.
Implicaciones para la viticultura
Los resultados confirman que los viticultores han preservado, mediante esquejes y injertos, las características organolépticas de las mejores cepas durante siglos, a pesar de cambios técnicos y climáticos. La continuidad genética también aporta una narrativa cultural que refuerza la sostenibilidad del sector.
Próximos pasos: con financiación de la ANR, los investigadores ampliarán el estudio a cientos de semillas adicionales, incluso del Neolítico, para completar el árbol genealógico de la vid.