¿Cómo nació el oficio de verdugo en Francia? ¿Quién realizaba las ejecuciones antes de que existiera esta figura? El programa Ciencia y el Futuro planteó estas preguntas al historiador y jurista Frédéric Armand.

Hacha de verdugo en exhibición en la Torre de Londres, Inglaterra.
Este artículo proviene de la edición especial n.º 194 de la revista Sciences et Avenir “Crímenes y Castigos”, julio‑agosto 2018.
¿Quién ejecutaba las sentencias de muerte antes del siglo XIV?
Frédéric Armand: Durante los periodos merovingio y carolingio, la justicia recaía en duques y condes que gobernaban sus territorios. Cuando condenaban a muerte, podían ejecutarla ellos mismos, delegarla en un subordinado o incluso encargarla a un vasallo como una tarea más. También se recurría a corporaciones profesionales, como la de los carniceros o los molineros. Sin embargo, hasta el siglo XIV la pena capital era rara; se preferían multas pecuniarias y el destierro.
¿En qué contexto histórico y social surgió la figura del verdugo?
Los primeros verdugos citados en los documentos no tenían la exclusiva de ejecutar a los condenados. Además de la horca, se les asignaban tareas como la limpieza de mercados, el mantenimiento de caminos o la captura de perros callejeros. Con la codificación del derecho penal, todas esas prácticas dispersas se unificaron en un código escrito que formalizaba la administración de justicia y establecía una escala de penas. A partir de entonces, la ejecución de la pena de muerte quedó reservada exclusivamente al verdugo.
¿Qué cualidades se requerían para ocupar el cargo?
La obediencia ciega era la principal exigencia: el verdugo debía cumplir las órdenes sin improvisar. Además, se esperaba que mantuviera un consumo moderado de alcohol. El puesto estaba abierto a cualquiera, pero pocos se presentaban, lo que dio origen a familias de verdugos. Desde pequeños, los hijos asistían a sus padres, aprendiendo el oficio y garantizando la continuidad de la función.
¿Cuál es la relación actual de los franceses con esta figura?
El término “verdugo” evoca inmediatamente la Edad Media, una época lejana y ya desaparecida. En Francia la pena de muerte se abolió en 1981, aunque desde la Revolución se ejecutaba “en nombre del pueblo”. Desde finales del siglo XIX la ejecución pasó a ser un acto oculto, alejado del público.
En 1820 todavía se realizaban ejecuciones en días de mercado, pero con el tiempo las autoridades las trasladaron a barrios periféricos y a horarios antes del amanecer, evitando su anuncio en la prensa. La última ejecución pública, la de Eugène Weidmann en 1939, tuvo lugar ante la puerta de la prisión de Versalles, atrayendo a una multitud y a periodistas que incluso la filmaron.
Este artículo proviene de la edición especial n.º 194 de la revista Sciences et Avenir “Crímenes y Castigos”, julio‑agosto 2018.