Introducción
¿Existían carreteras en la Prehistoria? La idea parece sacada de los Picapiedra, pero la realidad es que sí, al menos una: la Corlea Trackway, cuyos restos se conservan en el condado de Longford, Irlanda.
Nombre y contexto
Oficialmente se llama Corlea Trackway, en gaélico Bóthar Chorr Liath, y durante mucho tiempo se la conoció popularmente como la Carretera Danesa.
Al igual que otras pistas prehistóricas halladas en Alemania, Holanda o Gran Bretaña, esta vía destaca por estar construida de madera sobre un terreno pantanoso y inestable, permitiendo el tránsito sin hundirse, de forma similar a los pasarelas que cruzan humedales como Doñana.

Características constructivas
La vía medía aproximadamente un kilómetro y estaba formada por tablones de roble de entre 3 y 3,5 m de largo y unos 15 cm de ancho, apoyados sobre unas “riostras” separadas un metro y medio entre sí. Los extremos de los tablones estaban anclados al suelo con pivotes de abedul.
Un estudio dendrocronológico realizado en 1984 situó la madera entre el final de 148 a.C. y el inicio de 147 a.C., en plena Edad del Hierro tardía británica. Se calcula que se emplearon unas trescientas encinas de gran tamaño, y una cantidad similar de abedules para los pivotes, abundantes en los bosques circundantes.

Descubrimiento y teorías
Inicialmente se pensó que la vía pertenecía a la Edad del Bronce, pero el análisis de radiocarbono de 1984 confirmó su fecha más reciente. La carretera termina en una pequeña isla en medio del pantano y, al otro lado, continúa con otra sección de longitud similar del mismo período, lo que sugiere una obra realizada en menos de un año por un gran número de personas.
Posteriormente se descubrieron dos tramos adicionales. La cuestión más intrigante sigue siendo su función: ¿por qué se construyó una vía sobre un pantano?
Los expertos proponen varias hipótesis: desde un red de caminos que conectaba centros celtas como Eamhain Macha en Ulster o los de Connacht, hasta la posibilidad de que la vía tuviera un propósito ritual, facilitando el acceso al pantano para ceremonias.
Una leyenda irlandesa, el Tochmarc Étañne (El cortejo de Etain), relata que el rey Eochu Airem encargó al héroe Midir la construcción de un camino a través del pantano de Móin Lámraige para rescatar a su amada Etain, lo que sugiere un vínculo mítico con la zona.
Excavación y conservación
En 1991, el arqueólogo Barry Rafferty (University College Dublin) dirigió una campaña de rescate urgente, pues la vía se encontraba en medio de un depósito de turba cuya extracción amenazaba su destrucción. Se recuperaron cincuenta y nueve tablones, a los que se sumaron setenta y seis más extraídos en el sitio de Derryoghil.
El análisis mostró que la mayoría de los tablones estaban diseñados para el tránsito a pie, aunque algunos presentan señales de haber soportado tráfico vehicular ligero. La carretera solo pudo usarse durante pocos años, ya que el propio peso de la madera provocaba su hundimiento gradual.
Gracias a esa rápida intervención, la Corlea Trackway ha perdurado dos milenios. Hoy el Centro de Visitantes de Corlea Trackway, en Longford, exhibe una sección reconstruida de dieciocho metros junto a piezas originales, permitiendo a los visitantes experimentar esta hazaña de la ingeniería prehistórica.