Descubrimientos arqueológicos

La primera gran conquista del ser humano fue… un burro

Hace casi 5 000 años, en Mesopotamia, los humanos ya libraban guerras con burros. Sin embargo, el origen del equino más prestigioso, el kunga, permanecía desconocido… hasta la investigación de un equipo francés.

La primera gran conquista del ser humano fue… un burro Tumba de caballos de Umm‑El‑Marra (Siria).

Muchos siglos antes de que el caballo llegara al Creciente Fértil, los habitantes ya utilizaban equinos, sobre todo burros, en sus conflictos. Lo evidencian relieves y tablillas cuneiformes, como el famoso “Estándar de Ur” de 4 500 años de antigüedad. Pero seguía sin saberse de dónde provenía el kunga, un animal tan valioso que se vendía a precios exorbitantes. Ese misterio se resolvió gracias a Eva‑Maria Geigl y Thierry Grange del Instituto Jacques‑Monod (París, CNRS), publicados en Science Advances el 14 de enero de 2022.

Los investigadores lograron que el ADN hablara

«En algunas tablillas cuneiformes el kunga se describe como un animal de altísimo valor, cuyo precio podía llegar a ser seis veces el de un burro», explica la investigadora. «Pero, ¿quiénes eran sus progenitores? Las hipótesis apuntaban a un híbrido, aunque sin pruebas concluyentes y sin conocer la identidad de los dos padres». Para responder, el equipo analizó los restos óseos del complejo funerario real de Umm el‑Marra, en el norte de la Siria actual, donde se habían encontrado esqueletos casi completos de estos equinos.

La primera gran conquista del ser humano fue… un burro Detalle del panel del Estándar de Ur, Museo Británico. Crédito: Thierry Grange.

Los kungas nunca fueron domesticables

El clima cálido del área había deteriorado mucho los huesos, dejando solo fragmentos de ADN. Aun así, los científicos compararon esos fragmentos con el genoma de caballos, burros domésticos y asnos salvajes (hemiones) que habitaban la región en la misma época. «Los hemiones nunca fueron domesticados ni siquiera amansados; son extremadamente agresivos. Los últimos ejemplares vivieron en el zoológico de Viena y murieron en 1929», señala Geigl, quien también obtuvo material genético de esos últimos asnos.

El análisis reveló que los kungas de Umm el‑Marra eran híbridos estériles resultantes del cruce entre un macho hemión y una burra doméstica. Cada generación requería capturar un nuevo hemión salvaje, lo que hacía su cría costosa y complicada. «¡Era muy difícil, eran tan rápidos y salvajes!», añade la investigadora.

Esta explicación aclara por qué los kungas alcanzaban precios tan elevados. Cuando, medio milenio después, los humanos pudieron sustituirlos por caballos más dóciles y fáciles de criar, traídos de la estepa póntica al norte del Mar Negro, el kunga quedó obsoleto.