Descubrimientos arqueológicos

Los escritos galos desvelan sus secretos

Contrario a la creencia popular, los galos sí sabían escribir. Un amplio programa de investigación está preparando la publicación en línea de todas las inscripciones galas descubiertas hasta la fecha en territorio francés. A continuación, una muestra de lo que revelarán.

Los escritos galos desvelan sus secretos

El Calendario de Coligny, del siglo I, es una de las más de 800 inscripciones galas recopiladas en Francia.

Quizá sorprenda al director de cine Denis Villeneuve saber que el título de su película Dune (2021), basada en la novela de Frank Herbert, proviene de una palabra de origen gala: dun o dunos, que designaba “cimas” o “fortalezas”. Del latín dunum surgió el topónimo Issoudun (antiguo Uxellodunum) y también Lugdunum, la actual Lyon. El vocablo pasó del gala al germánico, al neerlandés medio (dune) y volvió al francés y al inglés.

Pero eso no es todo. Más allá de las pocas cientos de palabras de origen gala que los lingüistas han detectado en nuestro idioma (como alondra, embajada u roble), un grupo de jóvenes investigadores está realizando el censo de todas las inscripciones dejadas por los pueblos galos durante más de 2000 años. “Contra el mito del gala analfabeto, los galos dejaron cientos de documentos escritos”, explica Coline Ruiz Darasse, epigrafista del CNRS y del Instituto Ausonio (Universidad de Burdeos‑Montaigne). Los textos breves aparecen grabados en piedra, cerámica, láminas de plomo e incluso en materiales perecederos como piel, cera o madera, que ya no han sobrevivido.

Al frente de este proyecto, la investigadora coordina la puesta en línea de la plataforma RIIG (Recolección Computarizada de Inscripciones Galas), donde se publicarán las 800 inscripciones conocidas, excluyendo monedas y su simbología. Cada inscripción será traducida, contextualizada y acompañada de la información arqueológica, histórica y lingüística acumulada en los últimos treinta años. “Para el mundo gala disponemos de los Comentarios de César y otros textos históricos, pero las inscripciones nos dan acceso directo al pensamiento de sus habitantes desde finales del III a.C. hasta el III d.C.”.

Este artículo se basa en Science et Avenir – La recherche n° 899, enero 2022.

El origen de la lengua gala

Los galos escribieron durante cinco siglos, primero con el alfabeto griego (fenicio) introducido por los colonos de Massalia (Marsella) alrededor del 600 a.C., lo que dio lugar a más de 400 inscripciones galo‑griegas. A partir del siglo I a.C. adoptaron las letras latinas, creando la fase galo‑latina. “Estos textos demuestran la gran capacidad de adaptación de los galos a los sistemas gráficos existentes”, comenta Hugo Blanchet, especialista en lingüística antigua.

«El gala, una lengua celta con varios dialectos»
El gala es una lengua celta continental attestada por escrito desde el siglo II a.C. y con últimos rastros en el siglo IV d.C. Probablemente se hablaba mucho antes, desde la cultura de La Tène (siglo V a.C.). Su estudio se basa en inscripciones y comparaciones con otras lenguas celtas (irlandés, galés, bretón). Sólo se han identificado menos de diez verbos, mientras que los nombres propios son abundantes.

Inscripciones y su contenido

La epigrafía gala fascina tanto a investigadores como al público. Algunas frases encontradas son:

"Escengolati aniateios immi" – “¡Pertenezco a Eskengolatios y no debo ser robado!”
"Segomaros ouilloneos touutious namausatis eiorou belesami sosin nemeton" – “Segomaros, hijo de Villonos, ciudadano de Nîmes, dedica este lugar sagrado a Belesama”.

Estas inscripciones aportan datos sobre antroponimia (nombres personales como Segomaros, Martialis o Escengolatos), patronimia ("X, hijo de Y"), toponimia (por ejemplo, Namausus = Nîmes) y teonomía (deidades como Cernunnos, Belisama o Toutatis).

Muchos textos son dedicatorias votivas o epitafios. Entre los dioses conocidos gracias a las inscripciones están Taranis (Orgon), las Madres Glánicas (Glanum) y Belenos (Saint‑Chamas). Incluso se hallaron lápidas funerarias de más de dos metros de altura, testimonio de una práctica monumental de escritura comparable a la griega o romana.

Ejemplo de bilingüismo

Una estela funeraria del siglo I a.C. encontrada en Velleron (Vaucluse) lleva la inscripción en alfabeto griego: “Kaios indoutilo samolatis anektia oualete”. El texto combina nombres galos y latinos, un saludo latino (oualete) y la escritura griega, mostrando la fusión de identidades y sistemas gráficos.

Palabras francesas de origen gala

El número de palabras francesas derivadas del gala es difícil de estimar, pues el latín ya las incorporó. Algunas ejemplos:

Presupuesto (bulga, “bolsa”) → bogue, bouge, bougette → inglés budget.

Embajada (ambactos, “servidor”) → italiano antiguo ambasciata → inglés embassy.

Camino (cammanos, “camino”) → latín bajo camminus → español camino.

Roble (cassanos) aparece en topónimos como Chassenon o Cassinomagos (“mercado de robles”).

De los -ix de Astérix a la historia real

Los nombres de los galos en Astérix terminan en -ix en referencia a Vercingétorix. En realidad, el elemento es -rix, que significa “rey” (cognado del latín rex y del sánscrito rajá). Así aparecen nombres como Eskingorix (rey de guerreros), Comartiorix (señor de osos) o Biturix (rey del mundo), de donde provienen los nombres de Bourges y Berry.

Conclusión

Las inscripciones galas, desde graffiti en cerámica hasta tablillas de plomo con maldiciones, ofrecen una ventana única al mundo de los antiguos habitantes de la Galia. Gracias al proyecto RIIG, todo este patrimonio estará disponible en línea a partir de junio 2022, al alcance de investigadores y curiosos.

Imágenes: Historyback.com