En la religión y mitología griega antigua, Hades era el dios de los muertos y señor del inframundo, pero no contaba con un templo propio.
Los templos estaban reservados a los dioses olímpicos que habitaban el Monte Olimpo, como Zeus, Hera, Apolo y Atenea, y se erigían para honrar sus atributos y recibir ofrendas.
¿Por qué Hades carecía de templo?
El inframundo se concebía como un reino sombrío y alejado de la vida cotidiana; los griegos preferían evitar la adoración directa del señor de los muertos. En su lugar, se le rendía culto de forma más discreta, a través de ofrendas domésticas o en santuarios dedicados a deidades relacionadas, como Hermes Psicopompo o Perséfone, su esposa.
Así, aunque Hades era una figura central en la cosmovisión griega, no se le construyeron templos monumentales como a los dioses del Olimpo.