Los cazadores‑recolectores utilizaban una amplia gama de materiales para edificar sus refugios, siempre adaptándose al entorno natural y a los recursos disponibles.
Materiales más comunes
1. Ramas y hojas: Elementos abundantes que servían para levantar chozas sencillas tipo "lean‑to" o construcciones más elaboradas como cabañas.
2. Pieles de animales: Se empleaban como cubiertas de tiendas o para revestir marcos de otras estructuras, proporcionando aislamiento y resistencia al agua.
3. Hierba: Utilizada para techos de paja y para fabricar esteras que servían como suelos o aislantes.
4. Corteza: Servía como material para techos o paredes, aprovechando su ligereza y capacidad de impermeabilizar.
5. Barro y arcilla: Con estos se construían viviendas de adobe o la técnica de entramado y barro (wattle‑and‑daub), rellenando marcos de madera con una mezcla de tierra y fibras.
6. Piedra: Empleada en refugios más permanentes, como cuevas artificiales, abrigos rocosos o estructuras de piedra seca.
7. Madera: Base para los marcos estructurales y también para fabricar mobiliario y utensilios.
Factores que influían en la elección
La selección de cada material dependía del clima, la disponibilidad local, la topografía y las tradiciones culturales del grupo. Así, los mismos pueblos podían usar diferentes combinaciones según la zona geográfica y la estación del año.