Introducción
Los famosos "maleficios" de Tutankamón, Tamerlán o Jacques de Molay son solo la punta del iceberg. En la antigua Roma, la práctica de lanzar maldiciones estaba tan extendida que se plasmaba en pequeñas láminas de plomo conocidas como defixionis tabellae o tablillas de maldición.
Bath, la ciudad termal romana
Bath, situada en el condado de Somerset, se asienta a orillas del Canal de Bristol, la vía marítima que separa Inglaterra de Gales. Fue fundada por los romanos en el 43 d.C. bajo el nombre de Aquae Sulis, en honor a la diosa acuática celta que los invasores sincretizaron con Minerva.

El sitio contaba con una fuente termal sagrada rodeada de termas y un templo. En el siglo III se añadieron murallas perimetrales, pero tras la retirada romana del Britania, las estructuras cayeron en ruinas y fueron sepultadas bajo sedimentos.
Entre 1978 y 1983, bajo la dirección de los arqueólogos Sir Barrington Windsor Cunliffe y Peter Davenport, se realizaron excavaciones que llevaron a Bath a ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987 y a convertirse en un importante atractivo turístico, con spa, visitas guiadas y un museo que alberga los hallazgos.

Las tablillas de maldición
En el museo de Bath, además de los impresionantes restos del caldarium, tepidarium y frigidarium, se exhibe una colección única: 130 defixionis tabellae que datan del siglo II al IV d.C. Estas láminas de plomo, a veces aleado con estaño y cobre, fueron encontradas bajo la fuente sagrada y presentan distintos estados de conservación.

Generalmente, las tablillas contenían peticiones a la diosa para vengar un agravio o, en el caso de Bath, para recuperar objetos robados en las termas: joyas, dinero o ropa. La mayoría siguen una fórmula estándar: el bien robado se entrega a la diosa, se nombra al sospechoso (a veces acompañado del autor de la petición) y se solicita que el ladrón devuelva el botín, dejando a Sulis‑Minerva la decisión final de castigar o perdonar.
Ejemplo de fórmula típica
«A Sulis‑Minerva ofrezco el anillo robado; que el ladrón, llamado Marcus, lo devuelva bajo pena de la diosa».
Las inscripciones están mayormente en latín vulgar británico, aunque dos tablillas presentan un texto en una lengua celta británica, aún sin descifrar.
Particularidades y retos de interpretación
Algunas tablillas son difíciles de leer por el mal estado del metal o por abreviaturas latinas. Otras contienen meros garabatos que imitan letras sin formar palabras, reflejo de la analfabetismo de sus autores. Incluso existen tablillas en blanco, confiando en que la diosa supiera el propósito del ofrenda.