Un tesoro oculto entre los monumentos de Egipto
Las pirámides de Guiza, el Gran Esfinge, los templos de Karnak y Luxor, Abu Simbel, la Ciudadela de El Cairo o el Valle de los Reyes son sólo la punta del iceberg arqueológico de Egipto. Entre los lugares menos conocidos, pero igual de espectaculares, se encuentran las catacumbas de Kom el‑Shoqafa, situadas en Alejandría.
Descubrimiento inesperado
En septiembre de 1900, ocho años después de que comenzaran las primeras excavaciones egiptológicas, un asno que tiraba de un carro por la calle Bab el‑Molouk en el barrio Karmouz cayó en un pozo de unos doce metros de profundidad. Al intentar rescatarlo, los arqueólogos descubrieron una vasta red de tumbas romanas del siglo I‑II d.C.
Origen y estructura
Se cree que el complejo no era originalmente una catacumba, sino el mausoleo privado de una familia acomodada que, por razones desconocidas, pasó a uso público. Hoy alberga más de trescientos entierros y se compone de tres niveles. La parte superior está bajo tierra; los pasillos circulares rodean un gran pozo de luz natural de diez metros de profundidad y seis de ancho, con nichos en las paredes para lámparas de aceite.
Los dos niveles inferiores estuvieron inundados en el pasado; desde 1995 sólo el más profundo sigue bajo el agua, probablemente conectado con el Serapeo, templo dedicado a Serapis.

La sala circular
Al descender la escalera se llega a un vestíbulo con dos nichos que abre a una cámara circular coronada por una isla con columnas que sostienen una cúpula. A la izquierda se encuentra un triclinium con divanes cubiertos de cojines, usado para banquetes fúnebres; al fondo, una pequeña cámara con dos estatuas.

El Salón de Caracalla
Este es probablemente el rincón más curioso del complejo. No alberga los restos del emperador romano, pero sí los de sus caballos, enterrados allí alrededor del año 215 d.C., cuando Caracalla era aficionado a las carreras.
Entrada al sepulcro
La puerta principal tiene forma de templo con dintel, sostenido por dos columnas cuyas capiteles combinan motivos de papiro, loto y acanto, típicos del arte egipcio. Sobre el arquitrabe se muestra un disco solar alado flanqueado por Horus en forma de halcón.
Detalles decorativos
Dos figuras serpenteantes, conocidas como agathodaemon, sostienen la corona doble (pschent) de Egipto y portan un caduceo romano y un thyrsus helénico. En sus cuerpos aparecen medallones con la cara de Medusa.

El interior de la cámara
En las paredes destacan relieves de dioses theriomorfos, como Toth y Anubis, junto a figuras de un hombre y una mujer con rasgos egipcios pero peinados claramente romanos, ejemplo del sincretismo artístico de la época.
El espacio se divide en tres nichos, cada uno con un enorme sarcófago de piedra cuya tapa es fija; los cuerpos se introducían por la parte trasera mediante aberturas en un pasillo perimetral.

Los sarcófagos, decorados con guirnaldas en relieve, presentan escenas funerarias: el central muestra a Anubis vestido de legionario romano momificando a un difunto sobre una cama con forma de león, mientras que los laterales están dedicados al toro sagrado Apis.
Red de túneles y reutilización
Además de la cámara original, el complejo cuenta con una red de túneles que sirvieron para entierros posteriores, recordando el uso que se daba a las catacumbas de Roma.
El nombre del sitio
«Kom el‑Shoqafa» significa «montón de fragmentos». El nombre proviene de los miles de fragmentos de terracota hallados, restos de los vasos de cerámica que los familiares traían para comer y beber durante los ritos funerarios y que se rompían al final para no llevárselos a casa.