El caso de Mechthild Bach es uno de los juicios médicos más sonados de la historia reciente. Agobiada por expedientes, denuncias y acusaciones de homicidio, la oncóloga se quitó la vida el 24 de enero de 2011.
Por Stefanie Grossmann
La trayectoria pública de la doctora Mechthild Bach comienza en Langenhagen, cerca de Hannover. Desde 1989 dirigía una consulta de medicina interna especializada en oncología y mantenía camas en la Clínica Paracelsus. Como médica senior del hospital, aprendió de figuras como el oncólogo Hans Nieper, director de la clínica "Am Silbersee", considerada entonces un referente de la medicina alternativa contra el cáncer. Pacientes famosos, entre ellos Yul Brynner y Ronald Reagan, fueron atendidos en Langenhagen.
La muerte de su madre marcó su vocación
Originaria de una familia cristiana de Wuppertal, Bach estudió arquitectura y matemáticas antes de decidirse por la medicina cuando su madre falleció de cáncer. Ese episodio la impulsó a investigar la muerte y el morir con dignidad, en una época en que muchos pacientes eran abandonados en los llamados "armarios de escoba". Según la doctora en el documental del NDR "El caso Mechthild Bach" (noviembre 2011), para ella morir era parte de la vida y debía ser un proceso sin miedo ni dolor.
Hannover era un vacío en cuidados paliativos
En los años 90 Alemania estaba rezagada en medicina paliativa; países como Gran Bretaña ya contaban con marcos legales. Sólo en 2003 se creó la primera cátedra de cuidados paliativos en la Universidad de Aachen. En Hannover y sus alrededores no existían servicios de este tipo, por lo que Bach se convirtió en el punto de referencia no oficial para pacientes terminales. Colegas como el profesor Wolfhard Winkelmüller valoraban su empatía y la consideraban un salvavidas para pacientes que, de otro modo, serían desplazados de clínica en clínica.
Testimonios de sus compañeros
La doctora era muy querida por pacientes y empleados. "Cuidaba de todos, no solo de sí misma", recuerda su antigua recepcionista Petra Schoebel en el documental. Bach dedicaba entre 14 y 16 horas diarias a sus pacientes, incluidos los terminales, intentando aliviar su sufrimiento con un enfoque holístico que incluía mistela de muérdago, vitaminas y oligoelementos. Un paciente bajo su cuidado vivió 17 años después de recibir ese tratamiento.
Conflicto con la AOK de Baja Sajonia
Desde mayo de 2003 la aseguradora AOK de Baja Sajonia investigó la clínica tras detectar un número elevado de fallecimientos vinculados al uso de morfina. El MDK (Servicio Médico del Seguro) presentó cargos por presunto eutanasia activa en 78 casos y el fiscal de Hannover incautó todos los expedientes. Bach no pudo responder a las acusaciones y sus intentos de obtener entrevistas fueron rechazados tanto por la autoridad distrital como por el tribunal administrativo.
Críticas del abogado defensor
El defensor Matthias Waldraff denunció violaciones de derechos humanos y de la Constitución europea durante el proceso, señalando que Bach no tuvo la oportunidad de defenderse adecuadamente. Finalmente perdió su licencia para ejercer la medicina.
Los peritos y sus teorías
El MDK designó al cardiológico Manfred Schwartau, conocido por perseguir a médicos supuestamente fraudulentos. Schwartau argumentó que Bach prolongaba la estancia de los pacientes para cobrar a la seguridad social, acusándola de "falsas asignaciones" y de provocar muertes por "intoxicación".
Medios y justicia contra Bach
Los medios pintaron a Bach como "el ángel de la muerte" o "doctora escándalo". En una entrevista con la "Neue Presse" la doctora insistió: "Solo brindaba cuidados terminales, no maté a nadie". Sin embargo, la asociación del nombre con la muerte y el temor a eutanasia no autorizada persistió.
Detención y presiones en la cárcel
El 2 de febrero de 2004 la policía la arrestó bajo sospecha de homicidio involuntario. Fue recluida en una celda con reclusos violentos y recibió constantes insultos, describiendo la experiencia como "el peor momento de su vida". Tras 22 días fue puesta en libertad bajo fianza de 40.000 euros, aunque la orden de arresto siguió vigente y tuvo que presentarse semanalmente en la comisaría.
Primer juicio y su colapso
En febrero de 2008 se iniciaron procedimientos por ocho cargos de homicidio, pero el informe pericial del profesor Michael Zenz tardó más de cinco años en completarse (octubre 2003‑mayo 2008). Muchos testigos habían fallecido antes de presentar sus declaraciones. El proceso se estancó cuando un juez enfermó y no se designó sustituto.
Segundo proceso, ahora con mayor agresividad
En octubre de 2009, el tribunal regional de Hannover reabrió el caso, ahora con 13 cargos de homicidio. El juez Wolfgang Rosenbusch condujo el juicio con lo que la defensa describió como "gran agresividad". Expertos como el profesor Lukas Radbruch (cátedra de cuidados paliativos de Alemania) defendieron la competencia profesional de Bach y afirmaron que no administró dosis letales, aunque señalaron la falta de consentimientos y registros de dolor.
Batalla de peritos
La defensa acusó a los peritos del MDK, especialmente a Schwartau, de parcialidad. Schwartau había sido cuestionado previamente por falta de experiencia en terapia de sustitución y por acusaciones de motivación financiera. El perito del fiscal, Michael Zenz, criticó duramente a Bach por supuestas interrupciones de terapias necesarias y por la ausencia de información adecuada a los pacientes. El patólogo forense Achim Schmoldt, contratado por la AOK, también fue considerado poco objetivo por la defensa.
Informe provisional y posibilidad de condena por asesinato
El 18 de enero de 2011 el tribunal emitió un informe provisional que confirmaba las acusaciones en todos los casos revisados y, en dos de ellos, consideraba viable una condena por asesinato con agravante, lo que implicaría cadena perpetua.
Desesperación y suicidio
Ante la perspectiva de nunca volver a ejercer la medicina, Bach perdió toda esperanza. En un correo electrónico describió su situación como "tan fría que parecía de otro mundo". Días después, el 24 de enero de 2011, se quitó la vida en su domicilio de Bad Salzdetfurth. Más de 500 compañeros, amigos y pacientes asistieron a su funeral en Langenhagen; muchos afirmaron que murió bajo el peso de la "sobrecarga judicial".
Impacto en el debate sobre eutanasia
Tras su muerte, el caso quedó archivado sin resolver muchas preguntas, dejando a familiares de pacientes sin respuestas claras. Sin embargo, impulsó la discusión sobre los cuidados al final de la vida y la eutanasia en Alemania. Hoy existen unidades de cuidados paliativos, atención ambulatoria y hospicios; la administración de opioides como la morfina es una práctica rutinaria y se decide en equipo para proteger tanto al paciente como al profesional.