El 6 de marzo de 1981, Marianne Bachmeier disparó al presunto asesino de su hija Anna dentro de la sala de audiencias del juzgado de Lübeck. Ese acto de justicia por mano propia pasó a la historia legal alemana.
Por Irene Altenmüller
El tiroteo en la sala de audiencias
Aproximadamente a las 10 a.m., en el tercer día del juicio por el asesinato de la niña de siete años, Anna, el acusado Klaus Grabowski, un exconvicto por delitos sexuales, estaba sentado en la sala 157. Marianne Bachmeier, su madre, se acercó por detrás, sacó una pistola Beretta calibre .22 de su abrigo y disparó ocho veces, alcanzando al hombre en seis ocasiones. El carnicero de 35 años murió en el propio tribunal.
“Quise dispararle a la cara. Lamentablemente lo alcancé por la espalda. Espero que esté muerto”, declaró Bachmeier tras el hecho.
El juicio contra Marianne Bachmeier
Casi dos años después, el 2 de marzo de 1983, el tribunal de Lübeck la condenó a seis años de prisión por homicidio imprudente y tenencia ilícita de arma. La sentencia provocó un intenso debate: ¿se trató de un asesinato o de un acto de pasión?
División de la opinión pública
Para muchos la acción fue la desesperada respuesta de una madre en duelo; para otros, una violación del monopolio del Estado sobre la violencia y merecía una sanción ejemplar.
La historia vendida a “Stern”
Tras el tiroteo, Bachmeier vendió su historia a la revista Stern por 250 000 marcos, dinero que utilizó para pagar sus gastos judiciales. En una serie de 13 episodios la publicación relató su infancia en una familia religiosa y autoritaria, la presencia de un padre ex‑miembro de la Waffen‑SS, sus dos primeros hijos entregados en adopción y el violento contexto que rodeó su vida.
El asesinato de Anna (5 de mayo de 1980)
Anna, descrita como una niña feliz y sociable, desapareció tras una discusión con su madre y fue secuestrada por Grabowski, quien la estranguló con una media. El cuerpo fue arrojado a una caja y depositado en la orilla de un canal. Grabowski confesó el homicidio, pero alegó que la niña intentó chantajearlo.
Motivación de la venganza
Las palabras de Grabowski, que insinuaban que Anna lo había extorsionado, enfurecieron a Bachmeier. Ella afirmó que su objetivo era impedir que el asesino difamara la memoria de su hija.
El juicio mediático de 1982
El proceso, iniciado el 2 de noviembre de 1982, atrajo la atención nacional. Se debatió si la justicia debía permitir que una mujer tomara la violencia en sus propias manos o si debía protegerse el Estado de actos de justicia privada.
Sentencia y años posteriores
El tribunal consideró que el acto no estaba premeditado y la condenó por homicidio imprudente. En junio de 1985 fue liberada por buen comportamiento y se trasladó a Nigeria, y más tarde a Sicilia, donde trabajó como asistente de eutanasia en un hospicio de Palermo.
La muerte y el último adiós
En 1996, diagnosticada con cáncer de páncreas, regresó a Alemania y falleció el 17 de septiembre de 1996, a los 46 años. Fue enterrada junto a su hija Anna en el cementerio Burgtor de Lübeck, aunque había deseado reposar en Palermo.
Documental y legado
En sus últimos días, Bachmeier pidió al reportero Lukas Maria Böhmer que grabara su despedida. El documental muestra su deseo de permanecer en el ojo público, una constante desde el tiroteo.
¿Estaba planificada la venganza?
Entrevistas posteriores revelaron que, contrariamente a lo sostenido en el juicio, Bachmeier había entrenado con su pistola en el sótano de su pub y había preparado el asesinato con antelación. Nunca se retractó públicamente.