Introducción
La muerte de Eric Hobsbawm en 2012 generó una oleada de homenajes en la prensa internacional, rara vez dedicada a un historiador. Los obituarios coincidieron en calificarlo como uno de los más influyentes del siglo XX y en subrayar su firme enfoque marxista y su militancia comunista, rasgos que mantuvo incluso tras la caída del bloque soviético.
Una vida entre continentes
Eric Hobsbawm nació en 1917 en Alejandría, Egipto, hijo de un comerciante inglés y de una madre austríaca de clase media. En 1919 la familia se trasladó a Viena, donde vivió hasta la muerte de su madre en 1931. Tras quedar huérfano, se mudó con su hermana a Berlín, ciudad en la que descubrió a Marx y se acercó al comunismo. En 1933 la familia regresó a Inglaterra; tres años después obtuvo una beca y comenzó sus estudios en King's College, Cambridge.
Servicio militar y primeros pasos académicos
Durante la Segunda Guerra Mundial intentó incorporarse a los servicios de inteligencia, pero sus inclinaciones políticas le fueron rechazadas. Finalmente sirvió en el Cuerpo de Ingenieros, participando en la construcción de las defensas costeras de East Anglia. Tras el conflicto retomó sus estudios, centrando su tesis en la Sociedad Fabian. En 1947 obtuvo el doctorado en Cambridge y, ese mismo año, se incorporó a Birkbeck College, Londres, institución con la que mantuvo vínculos hasta su fallecimiento, llegando a presidirla.
Compromiso político y el Grupo de Historiadores Comunistas
Hobsbawm fue miembro activo del Partido Comunista británico y cofundador del Communist Party Historians Group, que reunió a los principales historiadores de izquierda de su época. En 1952 colaboró en la creación de la revista Past and Present, cuya presidencia también desempeñó.
Obras clave y desarrollo temático
Su primer libro, Labour's Turning Point (1948), pasó desapercibido, pero el reconocimiento llegó en 1959 con Primitive Rebels, donde analizó formas “primitivas” o “arcaicas” de movimiento social (banda, mafia, sociedades secretas rurales, sectas obreras). Este enfoque en los movimientos populares y en la economía subyace en toda su producción.
En 1962 publicó el primer tomo de la serie que le dio fama mundial: The Age of Revolution: Europe 1789‑1848. No buscaba una crónica detallada, sino una interpretación accesible para el “lector ideal”, cultivado y curioso sobre el origen del mundo contemporáneo. La obra explica el triunfo del liberalismo y del capitalismo tras la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, y anticipa las fuerzas que, un siglo después, transformarían la expansión en contracción.
Continuó la serie con The Age of Capital: 1848‑1875 (1975), que estudia la consolidación capitalista y sus consecuencias sociales, y culminó en 1987 con The Age of Empire: 1875‑1914, donde analiza la transformación del siglo XIX y los conflictos que precedieron a las guerras mundiales.
Entre ambos volúmenes, publicó trabajos como Pre‑Capitalist Economic Formations (1965) e Industry and Empire: From 1750 to the Present Day (1968), centrados en la economía y la expansión imperial.
Otros aportes relevantes
En 1983‑84 editó The Invention of Tradition, una colección que define la “tradición inventada” como prácticas simbólicas que pretenden crear continuidad con el pasado. En 1987 apareció Worlds of Labour, estudio de la clase obrera desde el siglo XVIII hasta mediados del XX.
Su obra final de la serie, The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914‑1991, no solo relata el siglo XX, sino que pronostica la caída del capitalismo, señalando que sus bases comenzaron a agrietarse tras la explosión económica de la posguerra.
Últimos años y legado
En sus últimos años volvió a centrarse en la difusión del marxismo con títulos como Karl Marx and Friedrich Engels, The Communist Manifesto: A Modern Edition y How to Change the World: Tales of Marx and Marxism. En On History recopiló conferencias que critican el relativismo y reafirman su visión marxista de la historia. Su autobiografía, Interesting Times: A Twentieth‑Century Life, ofrece una visión personal de su trayectoria.
Aunque su afiliación política generó controversia, la calidad de su trabajo histórico le valió reconocimiento casi unánime. Fue un gran popularizador: sus libros llegaron a ser best‑sellers gracias a un estilo claro y accesible que evitó la erudición excesiva, logrando que un amplio público volviera a interesarse por la historia.