En la corte de Milán
Nacida en Milán en 1463, Caterina Sforza era hija ilegítima de Lucrezia Landriani, ya casada, y del duque Galeazzo Maria Sforza. Pasó gran parte de su infancia bajo el cuidado de la familia materna, que la crió con esmero. Cuando su padre falleció, el nuevo duque ordenó que sus cuatro hijos ilegítimos fueran incorporados a la corte bajo la tutela de la abuela paterna, Bonne de Saboya, y los legitimó mediante adopción. Allí recibieron una educación de calidad, que incluía idiomas y artes de gobierno.
Un ascenso meteórico
A los diez años, en 1473, Caterina quedó prometida y luego casada con Girolamo Riario, sobrino del Papa Sixto IV. La consumación se dio cuatro años después, cuando ella tenía catorce. En 1477 se trasladó a Roma con su marido, quien servía al pontífice. Un año después, a los quince, dio a luz a su primera hija, Bianca; tendría cinco hijos más.
En la capital descubrió una ciudad vibrante en los ámbitos intelectual, cultural y político. Aunque Girolamo trató de mantenerla al margen de la política, su carácter sociable le abrió las puertas de la aristocracia romana. Elegante y culta, ganó el elogio del propio Papa y, con los años, se convirtió en una figura influyente en las cortes italianas. En 1480 Sixto IV nombró a Girolamo señor de Forlì.
Rebelión tras la muerte del Papa
La muerte de Sixto IV en agosto de 1484 desencadenó revueltas en Roma. Los insurgentes saquearon la residencia de los Riario, el Palazzo Orsini. Embarazada de siete meses, Caterina tomó el Castel Sant'Angelo y, gracias a la artillería, controló el Vaticano y el cónclave.
Ante su negativa a entregar la fortaleza a cualquiera que no fuera el nuevo pontífice, el Colegio de Cardenales negoció la salida de Girolamo de Roma a cambio de la confirmación de sus señoríos en Imola y Forlì y una indemnización de 8.000 ducados. Cuando Girolamo se mostró reacio, Caterina duplicó sus tropas para presionar a los cardenales, pero en octubre tuvo que abandonar el castillo y el cónclave eligió a Inocencio VIII.
Conspiración de los Orsini
En 1485 Girolamo, para financiar la ciudad, impuso un impuesto que le granjeó el odio popular. Sus enemigos, los Orsini, conspiraron para sustituirlo por el hijo ilegítimo de Inocencio VIII. En 1488 Girolamo fue asesinado por orden de los Orsini; su palacio fue saqueado y su familia capturada.
El fuerte de Ravaldino, clave en la defensa de Roma, se negó a rendirse. Caterina, para liberar a sus hijos, ofreció entregarlos como rehenes. Tras recuperar la libertad, amenazó a sus captores con una frase que quedó célebre: «¡Hacedlo si queréis, ahorcadlos delante de mí… tengo lo necesario para hacer más!». Con la ayuda de su tío, derrotó a los Orsini, recuperó sus dominios y se proclamó regente de Forlì en nombre de su hijo mayor, Ottaviano.
Venganza contra los conspiradores
Como primera medida, ordenó el arresto de todos los miembros de la conspiración Orsini. Consolidó su poder mediante alianzas con señores vecinos y matrimonios estratégicos para sus hijos. Redujo impuestos, recortó gastos y buscó restablecer la paz en sus territorios.
Giacomo Feo
En 1488 se casó en secreto con Giacomo Feo, hermano del castellano de Ravaldino, de quien se enamoró. Temiendo perder la regencia y la custodia de sus hijos, mantuvo el matrimonio oculto. Giacomo asumió el castellano y su influencia creció en detrimento de Ottaviano. Una primera conspiración intentó tomar el fuerte en nombre del hijo y asesinar a la condesa y a Giacomo, pero ella descubrió el complot y encarceló a los instigadores.
En agosto de 1495 una nueva conspiración, liderada por partidarios de Ottaviano, hirió mortalmente a Giacomo. Caterina, devastada, respondió con una crueldad extrema: ejecutó no solo a los conspiradores, sino también a sus esposas, amantes y descendientes. Esta masacre le costó el respeto permanente de su pueblo.
Guerras italianas
En septiembre de 1497 contrajo matrimonio con Giovanni de' Medici il Popolano, embajador de la República de Florencia. El enlace, aunque secreto, contó con la aprobación de sus hijos. Giovanni murió de enfermedad un año después, poco después del nacimiento de su hijo.
Con el conflicto entre Florencia y Venecia, Caterina, aliada de Florencia, organizó la defensa de su territorio. Entrenó personalmente a sus tropas y financió el ejército. Su firme resistencia obligó a los venecianos a buscar rutas alternativas, ganándose el apodo de La Tigresa.
El rey francés Luis XII, con pretensiones sobre el Ducado de Milán, se alió con Venecia y el Papa Alejandro VI. En 1499 entró en Italia con su ejército. Aislada, Caterina reforzó sus fortificaciones, acumuló armas y envió a sus hijos a salvo. César Borgia tomó Imola y Forlì, y sitió Ravaldino, donde la condesa se refugió.
Prisionera del Papa
Aunque la artillería de Borgia perforó las murallas, Caterina luchó hasta ser capturada y encarcelada en el Castel Sant'Angelo. Alejandro VI la acusó de intentar asesinarlo mediante cartas envenenadas. El juicio quedó inconcluso; en junio de 1501 fue liberada por el ejército francés a cambio de renunciar a sus dominios. Se reunió con sus hijos en Florencia.
Tras la muerte de Alejandro VI, solicitó al nuevo pontífice la restitución de Imola y Forlì para ella y su hijo Ottaviano. Aunque el Papa accedió, la población se opuso y no recuperó sus tierras. Los últimos años los dedicó a sus hijos, nietos y a su afición por la alquimia.
En mayo de 1509 murió de neumonía a los 46 años.