Huiracocha, según la historia oficial del Tahuantinsuyo, fue el octavo soberano inca. Era sobrino de Yahuar Huaca y pertenecía al sector Hanan. Su nombre de nacimiento era Hatun Tupac y, aun siendo muy joven, se vio envuelto en la invasión de Cuzco por los Cuntis, que culminó con el asesinato de su tío. Tras esos trágicos hechos, los supervivientes principales se reunieron y, después de un acalorado debate, decidieron nombrar a Hatun Tupac como sucesor del monarca fallecido. Antes de su coronación realizó el ritual de abstinencia de sexo, sal y ají, y tomó el nombre de Huiracocha, inspirado en el dios del mismo nombre que había soñado desde niño y que adoptó como protector.
Familia y alianzas
Posteriormente se casó con Mama Rumo, hija del Señor de Anta. La mujer, de carácter débil, no influyó en las decisiones de su marido y dio a luz a Capac Yupanqui y a Cusi Yupanqui (más tarde Pachacútec). Entre sus concubinas destacó Curi Chulpi, originaria del ayllu Ayavilla (Sahuasera), con quien engendró a Urco, a quien Huiracocha apreciaba profundamente, a diferencia del trato que brindaba a las hijas nacidas de su esposa principal.
Expansión del Imperio Inca
Huiracocha intentó ampliar el reino de Cuzco, movilizando sus tropas hacia Yucay y Calca, que conquistó sin mayor resistencia. En Calca mandó construir un palacio, pero no logró controlar todos los ayllus subyugados; surgieron revueltas permanentes, entre ellas una rebelión en Pocoy Pacha (Pisac) y disturbios provocados por los pinaguas de Muyna, aliados con los ayllus de Rondocancha y Casacancha. Más tarde combatió a los ayarmacas y guaiparmacas, derrotados gracias a la represión ejercida por sus tíos Vicaquirao y Apo Mayta. Conquistó también a los canchis tras una escasa resistencia y erigió en Cacha un templo dedicado a Ticci Huiracocha Pachayachachic.
Como estrategia política, utilizó la táctica de "divide y vencerás", alimentando las contradicciones entre los poderosos reinos aymaras de Colla y Upaca. Los incas apoyaron a Upaca y, posteriormente, Huiracocha ganó la amistad de los Collas. Tras una guerra que debilitó a ambos, aprovechó la situación para anexarlos.
Desde su palacio en Calca, su amada Curi Chulpi le sugirió designar a su hijo Urco como sucesor. Esta decisión molestó a una facción de la élite, pues Urco no era hijo de la esposa principal. Sin embargo, Huiracocha insistió hasta abdicar en favor de Urco.
El breve reinado de Urco
Urco, al ponerse la mascaipacha (símbolo máximo del poder inca), nombró a su hermano Sucso como cabeza de su linaje. Su gobierno fue desastroso: carecía de coraje y visión estratégica, no organizó expediciones de conquista y se entregó a los placeres mundanos. Se le vio frecuentemente en casas de recreo, tomando concubinas de la gleba y violando a mamaconas destacadas. Además, abusaba del alcohol, llegando a emborracharse, vomitar y orinar en las calles, lo que generó descontento entre los orejones. Un tío, Apo Mayta, planeó asesinarlo, pero temió represalias de Huiracocha, quien pese a los errores de su hijo lo seguía apoyando, influido por la intrigante Curi Chulpi.
Invasión de los chancas
Cuando los chancas invadieron el reino de Cuzco, arrasando las poblaciones a su paso y llegando a las puertas de la capital, Urco y el anciano Huiracocha consideraron inútil cualquier resistencia y abandonaron la ciudad con sus mujeres, esposas y sirvientes, refugiándose en Chita.
La defensa quedó en manos de otro de los hijos de Huiracocha, Cusí Yupanqui (el futuro Pachacútec), quien derrotó a los chancas y los expulsó del territorio. Tras la victoria, todos proclamaron a Cusí Yupanqui como inca, aunque él respetó la decisión de su padre. Huiracocha y Urco, celosos del prestigio de Cusí, planearon eliminarlo y tendieron una emboscada en la zona de Paca (ribera del río Tambo); el intento falló y Urco fue ejecutado. Al enterarse de la muerte de su amado hijo, Huiracocha aceptó reconocer a Cusí Yupanqui como inca y se retiró a Calca, donde pasó el resto de sus días.