Diego López de Zúñiga y Velasco (1500‑1564) fue el IV Conde de Nieva y IV Virrey del Perú. Nació en Burgos alrededor de 1500, hijo de Antonio de Velasco y Enríquez de Lacarra y Francisca López de Zúñiga, Condesa de Nieva. En 1522 contrajo matrimonio con María Enríquez de Almansa, descendiente de los marqueses de Alcañices. Participó junto a Carlos V en la campaña de Túnez (1535) y en las guerras de Italia. Más tarde acompañó al príncipe Felipe II durante su gira por Flandes y Alemania (1548‑1550) y fue nombrado gobernador y capitán general de Galicia. El 15 de diciembre de 1558 recibió en la Corte las instrucciones que lo nombraban virrey del Perú y presidente del Real Audiencia de Lima. Reunió a un amplio séquito de oficiales, parientes y colaboradores y partió del puerto de Cádiz. Por enfermedades y el mal tiempo el viaje se retrasó; su entrada oficial en la Ciudad de los Reyes tuvo lugar el 17 de abril de 1561. Instaló su residencia en el Palacio Virreinal junto a los tres comisionados enviados a examinar la perpetuidad de las encomiendas: Briviesca de Muñatones, Vargas de Carbajal y Ortega de Melgosa.
Diego López de Zúñiga como Virrey del Perú
Durante su mandato Lima se convirtió en el centro de una vida cortesana fastuosa, con ceremonias pomposas, capilla musical y atuendos ostentosos. No obstante, el virrey impulsó importantes mejoras urbanas: reparó el sistema de alcantarillado, amplió la distribución de agua potable, introdujo los primeros olivares y fortaleció el Hospital de San Lázaro, destinado al tratamiento de la lepra. Fundó nuevas poblaciones, entre ellas Santa Cruz de la Sierra (1561), Santiago del Estero (1562), Arnedo en el valle de Chancay (1562), Santiago de Miraflores en el valle de Zaña (1563) y Valverde en el valle de Ica (1563). Promulgó ordenanzas para la explotación de los yacimientos de plata de Huamanga y, en 1563, se descubrieron valiosas vetas de mercurio en Huancavelica. El contexto social de su administración estuvo marcado por la incertidumbre y el debate que caracterizan la década de 1660 en el Perú, un periodo de cambios políticos, ideológicos y éticos que buscaba una mayor armonía entre españoles e indígenas. Estas tensiones llegaron a Madrid, lo que motivó el envío de visitas civiles y eclesiásticas al antiguo territorio inca. Desde el punto de vista historiográfico, la época destaca por la calidad de los escritos de funcionarios, juristas y clérigos, como Fray Domingo de Santo Tomás y el abogado Polo de Ondegardo.
En relación con la perpetuidad de las encomiendas, el virrey y los comisionados presentaron el 4 de mayo de 1562 un informe a la Corona proponiendo una división tripartita de los repartimientos: una tercera parte en perpetuidad para los encomenderos meritorios, sin jurisdicción; otra tercera parte como vida única para premiar a los leales a la monarquía; y la última tercera parte bajo control real. Sin embargo, la Corona nunca concedió la permanencia de los ingresos tributarios por temer la creación de una aristocracia indígena que pudiera desafiar su dominio.
Fallecimiento de Diego López de Zúñiga
No se le puede considerar un modelo de virtud; en su época fue acusado de vida ligera, avaricia, propensión al soborno y favoritismo familiar. Se le describía como un cortesano frívolo y aficionado a los lances amorosos (había dejado a su esposa en España). Murió en circunstancias misteriosas en la madrugada del 19 de febrero de 1564. Según la versión más difundida, fue asesinado por los sirvientes de Don Rodrigo Manrique de Lara al bajar por una escalera tras un encuentro galante con su esposa, Doña Catalina. El virrey, caballero de la Orden de Santiago, fue enterrado provisionalmente en la iglesia de San Francisco de Lima; sus restos fueron trasladados posteriormente a España para su sepultura definitiva.