La masa de un objeto permanece constante sin importar su ubicación en la Tierra o en cualquier punto del universo, siempre que no haya efectos relativistas ni intercambios de energía. Tanto la física clásica como la relativista confirman este principio.
La masa es una propiedad intrínseca que mide la cantidad de materia de un cuerpo y es independiente de los campos gravitatorios o de la aceleración a la que esté sometido.