Servicio en la legión: entre el sueldo y la disciplina
Durante el Imperio la milicia romana se volvió una profesión permanente. Los legionarios pasaban la mayor parte de sus 25 años de servicio en campamentos fortificados a lo largo de las fronteras. Su rutina era monótona: entrenamientos, obras públicas, guardia y escasas campañas. ¿Cómo ocupaban el tiempo libre?
El campamento: camaradería y ocio
Los soldados vivían en contubernios, pequeñas habitaciones para ocho hombres con espacio para dormir y almacenar armas o animales. La falta de privacidad los obligaba a compartir casi todo, y parte de su tiempo libre lo dedicaban a reparar y ampliar sus barracones.
Baños, sauna y juegos
El corazón del campamento era el thermae. No solo servían para la higiene, sino también como centro social. Contaban con salas frías, tibias y calientes, gimnasio y una salón de recreo donde se bebía vino y se jugaba a los dados, el pasatiempo favorito de los romanos.
Teatro y espectáculos
Cerca de las murallas se erigía un anfiteatro construido por los propios legionarios. No era una estructura improvisada; podía albergar entre 6 000 y más espectadores, como en Caurleón o Carnuntum. Allí se representaban obras teatrales, combates de gladiadores y, a veces, entrenamientos militares.
Fechas religiosas
La religión estaba presente en cada rincón: capillas, altares y cultos locales coexistían con el culto oficial del Estado. Sólo el cristianismo "subversivo", que rechazaba la divinización del emperador, estaba prohibido.
Excursiones a la ciudad
Alrededor de los fuertes se formaban pequeñas ciudades con comerciantes, artesanos y prostitutas. Los legionarios podían disfrutar de compañía femenina, bailarinas y actrices. Existen testimonios de veteranos que erigieron monumentos a sus amantes, como la danza Polla Matidia.
Sin embargo, no todo era diversión. Un quejido de un mercader en Vindoland (c. 120 d.C.) describe cómo un soldado lo agredió violentamente por una disputa comercial.
Banquetes y festines
Los collegia militares organizaban banquetes donde abundaba la comida y el vino. La ración diaria incluía unos 8,7 l de trigo y 0,27 l de alcohol, pero los suministros provinciales permitían una dieta variada: carne de vaca, cerdo, cordero, venado, cabra, pescado y frutas.
El consumo de alcohol era desmesurado. Tacitus relata una pelea en Ticinum (69 d.C.) en la que una disputa entre legionarios y galos terminó con mil muertos.
Amores y concubinatos
Octavio prohibió el matrimonio para los soldados, pero la práctica de concubinato era común. Las legionarias encontraban en los soldados una fuente estable de ingresos. Los hijos nacidos de estas uniones a menudo seguían la tradición militar.
Los legionarios mantenían correspondencia con sus familias, enviando cartas y paquetes que, según los testimonios, eran tan detallados como los correos modernos.
Ocio y críticas
Para aliviar el tedio, los soldados recurrían a juegos, lecturas y actividades físicas. Sin embargo, autores de la época a menudo denunciaban la indolencia y el exceso de ocio en las legiones imperiales.
Bibliografía
- Titus Livius, Historia de Roma, vol. 1‑4.
- Publius Cornelius Tacitus, Obras.
- Ireneusz Adam Łuć, Boni et Mali Milites Romani.
- Peter Connolly, Greece and Rome at War.
- Paul Erdkamp, A Companion to the Roman Army.
- Adrian Goldsworthy, The Complete Roman Army.
- Marcus Junkelmann, Die Legionen des Augustus.
