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Los judíos polacos dominaban los cálculos: una oportunidad de miles de millones para Polonia

Los primeros ordenadores surgieron en Polonia

Las primeras máquinas de cálculo fueron creadas en Polonia por científicos e inventores judíos. Sin embargo, su valor no fue reconocido y los rusos “se encargaron” de los dispositivos…

Orígenes de las calculadoras mecánicas

Hoy no existirían los ordenadores sin una simple calculadora. Las calculadoras, o aritmómetros, aparecieron a finales del siglo XVII. El matemático alemán Wilhelm Schickard construyó una máquina deslizante, y poco después el científico francés Blaise Pascal diseñó una suma‑resta que permitía añadir y restar.

Estos aparatos no eran meros objetos de arte; la expansión del comercio y la construcción exigía cálculos cada vez más rápidos y fiables. En Occidente se comprendió la necesidad, pero en la Mancomunidad de Polonia no fue así.

Los hijos de la nobleza mostraban poco interés por la matemática, y la burguesía carecía de educación y mecenas para financiar tales innovaciones. ¿Quién quedó entonces en la primera línea? Los judíos.

Los judíos polacos dominaban los cálculos: una oportunidad de miles de millones para Polonia

La Pascalina – máquina de cálculo diseñada por Blaise Pascal (foto: David Monniaux, CC BY‑SA 3.0).

El relojero Radziwiłł

Antes de la primera partición de Polonia, el relojero judío Jewna Jakobson construyó una máquina de cálculo en Nesvizh, la residencia ancestral de los Radziwiłł, generosos patrocinadores de artistas y artesanos.

Probablemente el príncipe Karol Stanisław Radziwiłł observó la invención con curiosidad al regresar a Lituania. La máquina permitía sumar, restar, multiplicar y dividir, y se basaba probablemente en el diseño de Schickard.

Un milagro polaco en manos rusas

No se sabe cuántas copias se fabricaron ni qué aplicaciones prácticas tuvieron, pero lo cierto es que hoy no se conserva ninguna en Polonia ni siquiera en Bielorrusia, donde hoy se ubica Nesvizh.

La única copia conocida de la máquina de Jakobson está en el Science Museum de San Petersburgo (probablemente tomada junto con otros tesoros de la finca Radziwiłł). Existe también una réplica contemporánea en la colección del informático polaco Walter Szrek, realizada por el francés Valery Monnier.

Mientras la máquina de Nesvizh era una curiosidad local basada en proyectos anteriores, otro aritmómetro tuvo la oportunidad de una carrera mundial y fue completamente original.

Los judíos polacos dominaban los cálculos: una oportunidad de miles de millones para Polonia

Las máquinas de cálculo de la transición entre los siglos XVIII y XIX no eran tan avanzadas como los aritmómetros de la primera mitad del siglo XX, pero representaron una etapa crucial en la evolución tecnológica (foto: CEphoto, Uwe Aranas / CC‑BY‑SA‑3.0).

¿El estigma de la ciencia judía?

En la época en que se creó el dispositivo de Jakobson nació el genio inventor Abraham Stern en Hrubieszów. Su talento llamó la atención de Stanisław Staszic, quien, a pesar de sus prejuicios, decidió apoyarlo.

Stern comenzó trabajando con instrumentos de topografía para el ejército y, después, se dedicó a la contabilidad, creando una máquina aritmética de cuatro funciones basada en ruedas, rodillos y discos numerados accionados por una manivela. En 1817 construyó un aritmómetro que además permitía extraer raíces.

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Abraham Stern en el retrato de Jan Antoni Blank.

Una máquina más lista que el zar

Desgraciadamente, Stern no se enriqueció con sus ideas. Su máquina pudo haber impulsado la Revolución Industrial, pero la sociedad la ignoró por varias razones.

En primer lugar, un judío de pueblo pequeño no lograba reconocimiento en los salones. En segundo lugar, la élite encargada de modernizar el país actuaba con lentitud y la población estaba poco instruida.

«Los miembros de la Sociedad de los Amigos de la Ciencia comprendieron que la invención de Stern era una revelación. Para ellos, sin embargo, la máquina contable no era más que un juguete caro», evaluó el investigador polaco Adam B. Empacher.

Los judíos polacos dominaban los cálculos: una oportunidad de miles de millones para Polonia

El contador Israel Abraham Staffel, quien utilizó los logros de Abraham Stern.

El momento más amargo llegó cuando el zar Alejandro I, formalmente rey de Polonia y gobernante del Congreso de Polonia, probó una de las máquinas de Stern. Según relató el bisnieto del inventor:

«Tenía que demostrarle al zar las virtudes de mi invención, un honor extraordinario para un judío. Uno de los adjuntos del zar le propuso resolver un problema matemático concreto.
El zar, que también tenía inclinación por la ciencia, tomó la pluma y empezó a escribir los cálculos en una gran hoja. Pero al realizar las primeras operaciones, mi abuelo dio la respuesta.
El zar lanzó una mirada burlona: «La máquina es buena, pero el judío es malo». Fue una falta de respeto grave hacia el monarca.

Se pierden las copias

Las copias de la máquina de Stern desaparecieron; hoy se consideran perdidas, al igual que los planos de la máquina de Schickard destruidos durante la Guerra de los Treinta Años.

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Chaim Zelig Słonimski y su tumba en el cementerio judío de la calle Okopowa, Varsovia (foto del lápida de Hubert Śmietanka, CC BY‑SA 2.5).

El propio Stern ha quedado en el olvido, pero sus ideas fueron retomadas por otros constructores judíos polacos como Chaim Zelig Słonimski (yerno de Stern) e Izrael Abraham Staffel, quienes lograron reconocimiento con sus propias máquinas. La sociedad polaca, ya preparada para la revolución, observaba lo que sucedía en Occidente.

Como dice el proverbio polaco: «Alabas a los demás y no conoces a los tuyos».

Bibliografía

  1. Maciej M. Sysło, Historia de la contabilidad – personas, ideas, máquinas, conferencia 2007.
  2. Janina Kumaniecka, La saga de la familia Słonimski, Iskry 2003.
  3. Adam B. Empacher, ¿Las máquinas cuentan por sí mismas?, Common Knowledge 1960.