El mayor temor de los judíos que se ocultaban en la Alemania nazi era la existencia de los "Greifer", cazadores que, a cambio de dinero, entregaban a los escondidos a la muerte.
En Berlín, el Greifer más conocido no era un fanático nazi ni siquiera un alemán, sino una mujer judía: Stella Kübler, antes conocida como Stella Goldschlag.
Una vida antes de la traición
Stella Goldschlag nació el 10 de julio de 1922 en una familia judía asimilada de Berlín. Gracias a su aspecto físicamente "ario" – alta, delgada, rubia y de ojos azules – pudo pasar desapercibida, aunque la legislación antisemita cada vez más restrictiva también la perseguía.
Como la mayoría de los judíos alemanes, Stella tuvo que portar la vergonzosa Estrella de David y trabajar en condiciones cercanas a la esclavitud. Encontró empleo en una fábrica de armas y, en 1940, se casó con el músico Manfred Kübler.
El giro del destino
El 27 de febrero de 1943 tuvo lugar la "Fabrikaktion", la última redada de judíos en Berlín. La Gestapo y la SS asaltaron numerosos talleres y arrestaron a los trabajadores judíos. Stella y su familia lograron escapar temporalmente, pero tuvieron que esconderse bajo la constante amenaza de ser descubiertos. Se convirtieron en los llamados "U‑Boote" o "Taucher", judíos que vivían bajo tierra.
El 2 de julio de 1943 la Gestapo capturó a Stella. Pocos días después, sus padres fueron arrestados y su marido enviado a Auschwitz, de donde nunca regresó.
La transformación en cazadora
Durante los interrogatorios, Stella sufrió torturas brutales. La Gestapo buscaba información sobre el falsificador Guenther Rogoff, pero ella no sabía nada. Tras golpes, humillaciones y dos intentos fallidos de fuga, Stella aceptó colaborar como "Greifer" bajo la promesa de que sus padres serían liberados.
Stella se convirtió rápidamente en una cazadora ejemplar. Su memoria prodigiosa para nombres, fechas y direcciones, junto con su atractivo físico, la convirtieron en un arma letal para la Gestapo. Los judíos de Berlín la apodaron "veneno rubio" y su foto circulaba como advertencia: cada vez que entraba en un café, los judíos huían.
Se estima que en un solo fin de semana pudo capturar a hasta 60 judíos, cobrando 200 marcos por cada uno. Las cifras exactas son inciertas, pero los historiadores calculan que sus acciones condenaron a muerte a varios cientos, incluso miles, de personas.
El legado de terror
Aunque intentó salvar a sus padres, estos fueron enviados a Auschwitz y murieron allí. Stella siguió trabajando como cazadora hasta el final de la guerra. En 1945 fue detenida por el Ejército Rojo y condenada a diez años de trabajos forzados.
Posteriormente fue liberada y nunca llegó a ser juzgada por sus crímenes. En 1994, a los 72 años, se suicidó. El peso de sus actos la persiguió durante medio siglo, pero la pregunta sigue abierta: ¿por qué esperó tanto para acabar con su vida?