En la antigua Austria-Hungría los crímenes violentos eran poco comunes, pero cuando ocurrían capturaban la atención del público y de la prensa. A finales del siglo XIX y principios del XX Galicia vivió dos casos que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva.
La monja encarcelada
En julio de 1869 la Corte Nacional de Cracovia recibió una carta anónima que denunciaba la existencia de una monja, Barbara Ubryk, recluida durante años en la casa de clausura de las Carmelitas de la calle Kopernika. Dado el estricto secreto que rodeaba a los conventos, la denuncia provocó la intervención del obispo de Cracovia, Antoni Gałecki, y la creación de una comisión judicial‑eclesiástica para investigar.
El 21 de julio, la comisión, encabezada por el sacerdote Roman Spithal y acompañada por el asistente judicial Dr. Władysław Gebhardt, logró que la abadía, María Wężyk, abriera la puerta del convento. Lo que encontraron fue estremecedor: una celda oscura y maloliente donde una mujer estaba sentada desnuda, cubierta de suciedad y excrementos, sin cama ni calefacción, solo dos cuencos de barro con una escasa comida de carpa y patata.
Barbara gritó pidiendo alimento y confesó haber cometido “el pecado de impureza”. La noticia provocó una gran conmoción en Cracovia.
Disturbios anti‑eclesiásticos
La revelación desencadenó protestas masivas: miles de ciudadanos, entre ellos figuras como Helena Modrzejewska, Adam Asnyk y el pintor Jan Matejko, se dirigieron al convento exigiendo la expulsión de los religiosos. Las fuerzas armadas, bajo el mando del general Józef Dormus, fueron desplegadas para contener a la muchedumbre.
El fiscal detuvo a cuatro miembros de la orden, entre ellos la propia abadesa María Wężyk y la priora anterior, Maurycja Ksawera Josaph. Sin embargo, gracias a la inmunidad eclesiástica, la Corte Nacional los liberó, lo que avivó aún más las protestas.
Enfermedad mental y aislamiento
Con el paso del tiempo se descubrió que Barbara sufría de una grave enfermedad mental, posiblemente provocada por el estricto encierro y la falta de contacto humano. Sus comportamientos extraños —cantar canciones seculares durante la misa, lanzar losas a sus compañeras y encerrarse en su celda— llevaron a que la convento la aislara permanentemente, tapando la ventana y retirándole la calefacción.
Durante 21 años vivió en esas condiciones hasta que, en 1898, fue trasladada a un asilo de Cracovia, donde falleció. El médico Teodor Tripplin describió su estado: «Perdió la razón, pero recuperó el apetito; su fe se volvió hacia su gato negro, al que rezaba como a una divinidad».
El caso Ritter y el supuesto asesinato ritual
En noviembre‑diciembre de 1881 desapareció Franciszka Mnich, una joven sirvienta de la aldea de Lutcza. Dos meses después, el 6 de marzo de 1882, se encontró su cuerpo cerca de la finca de la familia Ritter, con la garganta cortada y el abdomen abierto.
Los sospechosos fueron Mojżesz y Gitla Ritter, su hijo Lejb Felber y su vecino Marceli Stochliński. Durante el juicio, Stochliński declaró que la mujer estaba embarazada del padre de la familia Ritter y que fueron ellos quienes la asesinaron en un supuesto “ritual”. El caso avivó el antisemitismo local; la prensa católica difundió teorías de sangre ritual.
Aunque inicialmente fueron condenados a muerte, la Corte Suprema de Viena anuló el veredicto por falta de pruebas y los Ritter fueron liberados en 1886. Stochliński murió en prisión.
Impacto cultural
Ambos episodios inspiraron obras literarias y teatrales, incluida la novela de Remigiusz Mróz, En la sombra de la ley, que recrea los procesos judiciales austrohúngaros y la atmósfera de miedo que recorría Galicia.
Bibliografía
- Cieśla M., Żyndul J., “Sprawa Ritterów”. En: The Jewish question in the 19th century, ed. G. Borkowska, M. Rudkowska, Varsovia 2004.
- Konstantynów D., “Maestro nuestro Matejko y los antisemitas”, Jewish History Quarterly 2/2007.
- Zieliński A., Great loves, romances, jealousies, Wydawnictwo Prószyński i S-ka, Varsovia 2020.
- Żyndul J., The blood lie. The legend of ritual murder in Poland, Wydawnictwo Cyklady, Varsovia 2011.