Placer sexual y prevención del embarazo
Desde tiempos remotos la humanidad ha buscado satisfacer sus deseos eróticos y, al mismo tiempo, evitar embarazos no deseados. La anticoncepción, a veces llamada control de la fertilidad, ha existido desde la Antigüedad. Algunos de los métodos empleados, aunque se creía que funcionaban, resultan verdaderamente impactantes para los estándares modernos.
Excremento de cocodrilo
En el antiguo Egipto, la medicina estaba estrechamente vinculada a los ritos sagrados. Los sacerdotes y chamanes actuaban como curanderos, manteniendo lo que consideraban las energías vitales de la población. Entre sus prácticas más insólitas estaba el uso de los excrementos de cocodrilo como método anticonceptivo.
Según relatos, el excremento del cocodrilo debía secarse cuidadosamente y luego introducirse en la vagina. Se creía que, al mezclarse con la temperatura corporal, el material formaba una barrera biológica que impedía la concepción. Como sustituto, también se empleaban heces de elefante, jugo de limón, jarabe de dátiles triturados o jugos de árboles. En algunos casos, se recomendaba rellenar la vagina con resina para que el excremento quedara “sellado” dentro del aparato reproductor.
Aceite de oliva y zanahoria silvestre
En la cuna de la civilización europea, Grecia, la armonía entre cuerpo y espíritu inspiró numerosos sistemas filosóficos y médicos. Hipócrates, considerado el padre de la medicina, combinó la observación empírica con creencias populares.
Aristóteles afirmaba que el aceite de oliva tenía propiedades anticonceptivas. Curiosamente, en 1938 la pionera del control de la natalidad Marie Stopes llegó a conclusiones similares.
Otro remedio mencionado por Hipócrates era la “zanahoria silvestre”, conocida también como la hierba de la Reina Ana. Según el sabio, su consumo oral provocaba abortos de forma eficaz, una afirmación que fue confirmada por estudios de laboratorio en el siglo XX.
Trampas mecánicas, mercurio y explosivos
Algunos médicos de la época, como los soranos de Éfeso, propusieron soluciones más radicales: dispositivos mecánicos que cerraban la apertura del cuello uterino. Para facilitar la inserción, utilizaban jugo de granada como lubricante.
En Roma, se experimentó con tapones hechos de raíces vegetales y con pequeñas bolas de excremento animal. Los tampones de lana vaginal eran populares tanto en Grecia como en el Imperio Romano.
En el Lejano Oriente, las mujeres chinas empleaban moldes de papel de bambú y cáscaras de granada. Algunas recurrían al consumo de mercurio caliente, lo que podía provocar abortos pero también graves intoxicaciones y la muerte. En paralelo, los hombres consumían semillas de papaya para reducir la cantidad de esperma.
Conclusión
En la Antigüedad, cuando el conocimiento estaba entrelazado con la fe, los métodos anticonceptivos podían resultar asombrosos y, a menudo, peligrosos. La combinación de medicina herbal, saber popular y tratados filosóficos fomentó la experimentación, pero el precio a menudo era la salud e incluso la vida. Con el paso de los siglos, el deseo de controlar la reproducción ha dado lugar a técnicas cada vez más seguras, pero la historia de estos remedios extraños sigue fascinando.