El enfrentamiento mortal que cambió el rumbo de la guerra del siglo XXI. En Occidente, a veces se lo compara con el levantamiento de Varsovia de 1944. ¿Es justo?
En septiembre de 2014, el Estado Islámico sitió Kobane, una ciudad de Rojava, en el Kurdistán occidental, justo en la frontera con Turquía. Con casi 45.000 habitantes, la urbe fue atacada por fuerzas islamistas que esperaban tomarla sin mayores dificultades, lanzando tanques, lanzacohetes y artillería.
Los YPG (Unidades de Protección del Pueblo) se vieron obligados a retroceder de pueblo en pueblo mientras una ola de refugiados civiles huía hacia la frontera turca. Muchos de esos desplazados fueron devueltos a Kobane, donde enfrentaban la muerte o la captura.
Un cerco asfixiante
El ISIS cerró el cerco alrededor de la ciudad; los YPG sólo controlaban unas doce aldeas cercanas y la propia Kobane. Ankara, que ve a los kurdos como una amenaza, no solo se negó a ayudar, sino que dificultó la asistencia internacional. Aun así, la coalición liderada por EE. UU. comenzó a bombardear posiciones islamistas, incluso en una aldea a cuatro kilómetros de la ciudad donde los combatientes habían instalado un centro de operaciones.
Los civiles que escapaban describían horrores inimaginables: violaciones, robos, torturas y ejecuciones públicas (incluidos decapitaciones). A principios de octubre ya se sabía que los defensores enfrentarían una batalla desigual.
Los combates fueron encarnizados; ambos bandos se disputaban bloque a bloque, con atentados suicidas de ambos lados. Los EE. UU. mantuvieron los ataques aéreos y suministraron ayuda por vía aérea. El ISIS interceptó uno de esos paquetes, publicando en internet un video que mostraba granadas y lanzagranadas.
El giro del conflicto
Fueron reforzados por soldados del Ejército Libre Sirio, unidades iraquíes de Peshmerga y camiones con armas y municiones provenientes del Kurdistán iraquí. En noviembre, los defensores kurdos recuperaron la iniciativa, la moral jihadista se desplomó y, pese a los ataques con coches bomba, los kurdos reconquistaron edificio a edificio.
El 26 de enero de 2015, las fuerzas kurdas recapturaron la totalidad de Kobane y comenzaron a expulsar al ISIS de los territorios circundantes.
Un símbolo de resistencia
La defensa de Kobane se convirtió en un emblema de la lucha contra el Estado Islámico en Irak y Siria, marcando el fin de su racha ofensiva. Neville Teller, en su libro The Chaos in the Middle East: 2014‑2016, traza paralelismos perturbadores entre Kobane y el levantamiento de Varsovia, y entre la postura de Turquía y la de Stalin en 1944.
En julio de 2015, el voluntario británico Ed Nash llegó a la zona con decenas de extranjeros para apoyar a los kurdos. Describió la ciudad como una ruina: “un 70 % de los edificios estaba destruido”. Sin embargo, a pesar de los escombros, la vida continuaba: cafés, tiendas y niños que jugaban entre los restos.
Incluso después de que el frente se desplazara, Kobane siguió bajo amenaza. Días antes de la llegada de los voluntarios, los jihadistas atacaron una escuela donde habían masacrado a estudiantes y maestros; esta vez, la resistencia local fue feroz.
“A unos doscientos metros había manadas de perros que se alimentaban de los restos de los supuestos mártires”, relata Nash en Desert Sniper.
Fuentes de información
- Knapp M., Flach A., Ayboğa E., Revolution in Rojava, Pluto Press, 2016.
- Gunter M. M., Historical Dictionary of the Kurds, Rowman & Littlefield, 2018.
- Nash E., Desert Sniper, Rebis, 2019.
- Schmidinger T., Rojava. Revolution, War and the Future of Syria's Kurds, Pluto Press, 2018.