¿Eran los romanos realmente tan lujuriosos? La respuesta se vuelve más clara cuando leemos Roma Intima, un libro que combina traducciones de textos antiguos con un análisis moderno.
“Tu pene, Papylus, es tan grande como tu nariz. Así que puedes olerlo cuando tienes una erección”. Así escribe Marco Valerio Martial en sus Epigramas del siglo I d.C. El libro está repleto de pasajes crudos y divertidos, y Martial se lleva el premio al lenguaje más escatológico.
Según el clásico Bert Gevaert y el urólogo Johan Mattelaer, los romanos mostraban mucho menos pudor que nosotros. Andar desnudo en las termas, compartir el inodoro o lanzar improperios era cotidiano. El “gran miembro” no solo aparecía en la literatura, también en amuletos y figurillas: símbolo de fuerza masculina y protector contra el mal. Por eso una cadena con un falo colgando del cuello no tenía la carga sexual que le atribuimos hoy.
En el camino equivocado
¿Cómo surgió la imagen del romano devoto de los orgías? El último capítulo del libro muestra que es una construcción posterior. La vergüenza por la desnudez y la sexualidad proviene del cristianismo; los pintores medievales no podían representar escenas eróticas, salvo cuando mostraban a los dioses desnudos.
La idea de que los romanos organizaban orgías a diario proviene de la pornografía moderna, no de la evidencia histórica. Sólo existe un relato de orgía en los textos romanos. Gevaert y Mattelaer juegan con nuestros prejuicios: primero nos hacen creer que nuestras ideas son correctas y luego demuestran lo contrario.
De la A a la Z
El libro está organizado por temas y cada capítulo explora una faceta distinta de la vida íntima romana: preferencias sexuales, matrimonio, ideal corporal, higiene personal, etc.
El capítulo sobre actos sexuales cubre todo: masturbación, prostitución, sexo anal, sexo oral y curiosidades como relaciones con personas de enanismo. Los autores destacan que el latín cuenta con más de 50 palabras para “prostituta”, más que cualquier otro idioma.
El apartado sobre géneros revela que la homosexualidad no era tan aceptada como se suele pensar. Un verdadero hombre romano nunca permitía ser penetrado y siempre mantenía el dominio sobre su pareja, que normalmente era un esclavo joven. Dos hombres adultos en una relación de igualdad eran ridiculizados como “no hombres”.
Cada capítulo incluye una breve biografía de los autores citados y está acompañado de fotografías a todo color de hallazgos arqueológicos. También aparecen “quickies”, apartados breves sobre lencería, lenguaje obsceno y anticoncepción, que podrían haberse integrado al cuerpo principal.
Destacado por los editores
Medicina: ¿Qué hacen los microplásticos en mi protector solar?
Astronomía: Sol, mar y ciencia.
Biología: Expedición a tierras en derretimiento.
¿En la frontera?
Los autores se centran en el periodo de mayor esplendor del Imperio, del siglo I a.C. al III d.C., época de la que se conservan más textos y restos arqueológicos. El contexto que ofrecen permite comprender cómo los ciudadanos libres (las mujeres y los esclavos estaban excluidos) concebían la intimidad.
El libro está pensado para cualquier lector interesado en la vida sexual de la Antigüedad. Basado en investigaciones recientes, se lee con facilidad aunque no se tenga formación clásica. El tono es desenfadado, aunque algunos subtítulos intentan ser humorísticos y resultan forzados, como “Nichten metnaam” o la comparación de la esposa como “dama y puta”.
En definitiva, una obra interesante y educativa. Algunos lectores lo adquirirán por los textos explícitos y las imágenes, pero el verdadero valor está en cómo la sexualidad revela la cultura romana.