historia historica

Engañando al destino: la extraordinaria historia de Larysa Sawicka

El 24 de agosto de 1981 un accidente aéreo se produjo cerca de Zawitinsk, en la región de Amur: un avión de pasajeros An‑24RW chocó contra un bombardero Tu‑16K a más de 5 000 m de altura. La única superviviente fue Larysa Sawicka, una rusa de 20 años. ¿Coincidencia, suerte o milagro? ¿Cómo logró burlar al destino?

En agosto de 1981 Larysa, estudiante de pedagogía, y su recién casado esposo Vladimir (Volodya), futuro médico de 19 años, abordaron el avión en el aeropuerto de Komsomolsk, Amur, para regresar de su luna de miel a Błagowieszczeńsk. Anteriormente habían visitado a los familiares de Larysa en Vladivostok y a la familia de Volodya en Komsomolsk.

Engañando al destino: la extraordinaria historia de Larysa Sawicka

Larysa Sawicka con su esposo Volodya

El An‑24RW llevaba a bordo a 32 personas: 5 tripulantes y 27 pasajeros (26 adultos y 1 niño). Según recordó años después, la azafata les pidió que se sentaran al frente, pero Larysa, sin saber por qué, tomó asiento en la parte trasera y Volodya la siguió. El vuelo había sufrido un retraso de cuatro horas por el mal tiempo, por lo que la joven se quedó dormida rápidamente. El avión despegó a las 13:56 hora local.

Errores en la torre de control

A las 8:00 a.m. los controladores comenzaron su turno en la torre de Archar. Unos minutos después se les informó que ese día habría vuelos militares en su zona a una altitud de 4 200‑4 500 m, programados para las 9:00, 14:00 y 19:00.

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El avión de pasajeros An‑24RW

A las 14:57 el equipo del An‑24RW recibió autorización para volar la ruta Moscú‑Khabarovsk a 5 400 m. Ignoraron que la aeronave se había desviado unos 125 km de su ruta prevista. A las 15:01, dos bombarderos Tu‑16K (códigos 07034 y 07514) solicitaron permiso para ascender a 7 800‑8 100 m, lo que se les concedió.

El problema surgió porque la ruta Moscú‑Khabarovsk cruzaba el espacio aéreo reservado a los bombarderos, y la torre aparentemente “olvidó” que el An‑24RW estaba también en esa zona. La falta de coordinación terminó en tragedia: el Tu‑16K con código 07514 colisionó con el avión de pasajeros.

El infierno a bordo

Larysa despertó cuando el bombardero impactó el “annuszka”, como cariñosamente llamaban al An‑24. Recordó:

“Hubo gritos, algunos pasajeros chillaban. Miré a Volodya; su rostro estaba cubierto de sangre, comprendí que estaba muerto.”

Al iniciar el descenso, Larysa cayó de su asiento al pasillo y perdió el conocimiento por un instante. Al recobrar la conciencia, recordó una escena de una película italiana en la que la protagonista sobrevive a un accidente aferrándose al asiento. Así que se arrastró hasta el asiento junto a la ventana y se agarró a los reposabrazos.

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Bombardero militar Tu‑16K

Esa “trucada” cinematográfica le salvó la vida. Rudolf Tejmurazov, experto del Comité Interestatal de Aviación que investigó alrededor de 150 desastres, explicó:

“En este caso la parte trasera de la cabina actuó como una especie de paracaídas, evitando que Sawicka cayera como una piedra. Además, estar presionada contra el asiento y aferrada a los reposabrazos le impidió ser lanzada fuera de la aeronave.”

El fuselaje impactó contra un abedul, lo que, según Tejmurazov, “amortiguó el choque”. Tras el impacto, Larysa sintió dolor en todo el cuerpo y volvió a perder el conocimiento, pero estaba viva.

Un milagro en la taiga

Despertó alrededor de las 20:00. En su muñeca llevaba un reloj de oro que su esposo le había regalado y que milagrosamente había sobrevivido al accidente. Gritó: “¿Hay alguien vivo aquí?” Sólo el silencio respondió. Frente a ella yacía el cuerpo ensangrentado de Volodya.

Comenzó a llover; en la taiga en agosto la temperatura ronda los 8‑10 °C. Larysa, vestida solo con un suéter de punto y un impermeable, temblaba. No sabía que su columna vertebral estaba fracturada en cinco puntos. Bebió agua de un charco y volvió a sentarse en el asiento. “No podía dormir”, recordó años después. “Sentía un vacío interior y soñaba con la muerte”.

Al día siguiente siguió la lluvia. El 26 de agosto avistó aviones y helicópteros sobrevolando la zona. Para llamar su atención agitó una bolsa roja, pero nadie se acercó; los pilotos pensaron que los gestos provenían de un grupo de geólogos que trabajaba en la zona.

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Durante la noche la temperatura volvió a bajar a 8‑10 °C.

Cuando los soldados que barrían la taiga la encontraron, se quedaron sin palabras. Según le contaron después, ya había una fosa preparada para ella, ya que los cuerpos se estaban identificando según la lista de pasajeros del An‑24RW.

Al ser trasladada al hospital de distrito en Zawitin, los médicos pasaron por alto sus fracturas vertebrales, concentrándose en la conmoción cerebral y las lesiones en la mandíbula.

Con el tiempo, los errores médicos provocaron una parálisis parcial de sus extremidades superiores e inferiores. Aun así, no se le concedió una categoría de invalidez que le permitiera recibir medicamentos gratuitos.

Consecuencias del accidente

Al tratarse de un choque entre aviones militares, la información no se hizo pública. Oficialmente Larysa fue considerada testigo, no víctima, y recibió una indemnización de 75 rublos.

Los medios occidentales obtuvieron la noticia y, para encubrirla, el periódico deportivo “Sovetsky sport” publicó un artículo que afirmaba que Larysa había sobrevivido volando un paraglider casero.

Solo en la era post‑soviética se desclasificó la verdad. Actualmente, el director Dmitry Suvorov está filmando una película de ficción sobre la milagrosa supervivencia de Larysa Sawicka, titulada “Odna”.