El incendio de la catedral de Gniezno
En 1018, tres meses antes de la famosa expedición a Kiev, la catedral de Gniezno se incendió, arrasando la basílica y los edificios vecinos. El arzobispo Radzim Gaudenty reunió a los líderes del reino —comandantes del ejército, nobles, administradores de castillos y todos los obispos polacos— para una ceremonia extraordinaria.
La proclamación de la anathema
Gaudenty, de pie ante la tumba de su hermano, el mártir San Wojciech, rodeado de doce sacerdotes, pronunció tres veces Anathema sit. Al terminar, los sacerdotes apagaron sus velas y el arzobispo habló en polaco, explicando que la maldición afectaría a todo el país.
¿Qué implicaba la anathema?
Según el edicto, todos los templos quedarían cerrados, se prohibiría el acceso a iglesias y cementerios, y se suspenderían la misa, el bautismo, la comunión y el viático. Cualquier muerte durante la maldición sería condenada al infierno. Además, la población sufriría plagas, sequías y tormentas.
Posibles causas de la maldición
Los historiadores han propuesto varias teorías, aunque ninguna está confirmada. Algunas sugerencias incluyen el saqueo de una iglesia alemana, la presión de Boleslao I el Valiente para sofocar revueltas campesinas, o la ira del arzobispo por la relación del príncipe con la princesa rusa Przedsawa (también llamada Pre‑Slava), a quien Boleslao habría tomado como concubina tras la campaña de Kiev.
El conflicto entre Boleslao y Gaudenty
La rivalidad entre el príncipe y el arzobispo se remontaba a la muerte del mártir San Wojciech en 997, cuando Boleslao entregó al misionero a los paganos prusianos y Gaudenty, su hermano, no intentó salvarlo. Con los años, la relación se deterioró, y la anathema parece haber sido una venganza personal de Gaudenty contra Boleslao.
Consecuencias y legado
La anathema, mencionada brevemente por Gallus Anonymus, tuvo efectos devastadores: los templos fueron clausurados, la vida religiosa quedó paralizada y la reputación de Boleslao se vio seriamente dañada en la cristiandad europea. La historia ha quedado plasmada en crónicas y en obras de arte, como las ilustraciones de Jan Matejko y los relieves de la puerta de Gniezno.
En resumen, la maldición de Gaudenty refleja la compleja interacción entre poder político y autoridad eclesiástica en la Polonia del siglo XI.