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El mito del rey Arturo: entre la historia y la leyenda

El mito del rey Arturo

¿Existió realmente el famoso rey Arturo? Los especialistas siguen sin ponerse de acuerdo. El profesor emérito Jozef Janssens ofrece su visión y explica cómo un guerrero celta pudo convertirse, según los textos históricos, en el rey cortesano que conocemos.

Héroe celta

Todos coinciden en que, de existir, Arturo habría vivido entre los años 450 y 550, época de las grandes migraciones que transformaron Europa. Durante ese periodo, anglosajones (ángulos y sajones) llegaron a Britania, desplazando a los celtas, a quienes los romanos llamaban britanos y hoy se identifican con los galeses.

Los nombres de muchas regiones inglesas recuerdan esa turbulenta historia: “‑ex” proviene de “sajón” (Sussex, Wessex…) y “‑anglia” de los ángeles. Algunos británicos huyeron hacia la costa francesa, donde “Britannia Nova” se transformó en Bretaña.

Según las leyendas, Arturo fue rey de los britanos y su figura se volvió casi divina para un pueblo oprimido que, siglos después, aún esperaría su regreso para expulsar a los invasores.

Arturo en la escritura

El rey ya aparecía en la poesía temprana. Alrededor del siglo VI, el bardo galés Aneirín menciona a “Artur” en el poema Y Gododdin. El manuscrito más antiguo que se conserva data del siglo XIII, pero la tradición ya estaba viva.

En el siglo IX, el monje Nennius redactó la Historia Brittonum, describiendo a Arturo como un general capaz de derrotar a 960 enemigos. La versión celta más completa que ha sobrevivido es Culhwch ac Olwen (siglo XI), llena de magia, gigantes y animales que hablan.

Rey cortesano

Fue la versión normanda, escrita por Geoffrey de Monmouth alrededor de 1138 (Historia Regum Britanniae), la que vinculó a Arturo con los normandos y añadió toques contemporáneos. Posteriormente, la obra se tradujo al francés (Roman de Brut, 1155) y se difundió por toda Europa.

El punto de inflexión llegó con Le Morte d'Arthur de Thomas Malory (1485). Malory consolidó la imagen del rey en una corte caballeresca, con la Mesa Redonda, torneos y banquetes, que aún persiste en la cultura popular.

Mito o historia

La ausencia de fuentes contemporáneas y el hecho de que el nombre “Arturo” aparezca siglos después hacen dudar a muchos investigadores. Janssens muestra cómo historiadores, arqueólogos y lingüistas han debatido durante siglos la escasez de pruebas.

El promontorio de Tintagel, en Cornualles, ha sido tradicionalmente considerado el lugar de nacimiento del rey. Excavaciones en 1998 revelaron cerámica y vidrio mediterráneos, lo que sugiere un comercio floreciente y, quizás, una residencia real, tal como relatan los relatos medievales.

El autor y su postura

Janssens se declara “creyente”: considera que Arturo sí existió. Argumenta que, en una cultura oral, la falta de documentos no invalida la figura y señala que varios príncipes galeses del siglo VI‑VII recibieron el nombre Arturo al nacer, lo que indicaría la existencia de un héroe real cuya reputación inspiró a la nobleza.

Sus argumentos son convincentes, aunque deja espacio a los escépticos. Para él, el mito perdura porque ha alimentado la esperanza de un pueblo oprimido, funcionando casi como una religión.

Arthur en la era moderna

Janssens también recaba ejemplos contemporáneos: la trilogía El Señor de los Anillos, la saga Harry Potter y El código Da Vinci incorporan elementos artúricos. La popularidad masiva se disparó con la película de Disney “Merlín” (1963) y el filme en color “Los caballeros de la mesa redonda” (1953).

Desde entonces, innumerables adaptaciones cinematográficas y literarias han reinterpretado la historia, aunque a menudo se alejan de las versiones tempranas y se basan en la visión cortesana de Malory.

En menos de 250 páginas, Janssens ofrece una visión clara y amena, complementada con ilustraciones a todo color, muchas de ellas inéditas, que enriquecen la narrativa.