historia historica

Una tesis sobre sexualidad medieval se alza con el Premio Volkskrant IISH

La historiadora Marlisa den Hartog desmonta la idea de que la Italia tardomedieval estaba dominada por una vida sexual desenfrenada. Su tesis, El placer que se toma en la cama: percepciones del deseo sexual y la identidad sexual en Italia, 1450‑1500, le valió el premio anual Volkskrant‑IISH a la mejor tesis de historia.

“Todo gira en torno al sexo, excepto el propio sexo, que se trata de poder”, cita den Hartog, tomando una frase de Oscar Wilde. Las relaciones sociales, los roles de género y la reproducción familiar eran, según ella, demasiado importantes para dejarse llevar solo por el placer. Analizar cómo las sociedades gestionaban la sexualidad permite comprender las normas e ideologías que consideraban esenciales.

Den Hartog explica que la identidad sexual de los distintos grupos revela el equilibrio de poder de la época y, al estudiarla, se sostiene un espejo frente a nuestra sociedad contemporánea.

Metodología y voces analizadas

Siguiendo la metodología de J.W. Baldwin en The Language of Sex. Five Voices from Northern France around 1200, den Hartog seleccionó cinco “voces” italianas entre 1450 y 1500: un tratado teológico, uno médico, una novela caballeresca, una novella italiana y un tratado neoplatónico. Estas obras representan a la élite intelectual –profesores universitarios, cortesanos y teólogos– aunque su representatividad para la población general sigue siendo incierta.

Al comparar los textos, la investigadora encontró que, pese a los diferentes géneros y estilos, compartían una regla fundamental para el comportamiento masculino: “racionalidad y moderación”. Curiosamente, casi todos consideraban que esas cualidades faltaban en las mujeres.

¿Mujeriego o intelectual casta?

El objetivo de la tesis era mapear las ideas sobre la identidad y el deseo sexual en la Italia tardomedieval y contrastarlas con la Francia del siglo XII. Den Hartog detectó un cambio notable en el papel de la mujer: mientras que en 1200 se suponía que ambos sexos debían desearse para reproducirse, en el periodo estudiado la reproducción quedó más asociada al hombre, y el placer femenino pasó a considerarse opcional.

Para los hombres la situación también era compleja. La monogamia y la castidad eran exigidas a las mujeres, mientras que la masculinidad se medía por la potencia y el número de parejas. La impotencia era objeto de burla, y tanto los textos teológicos como los médicos advertían contra el exceso sexual, presentándolo como un peligro para la honra y la salud.

La figura de la mujer en la literatura caballeresca

Cuatro de los cinco autores describen el sexo de forma negativa, salvo la novela caballeresca Orlando Innamorato de Matteo Maria Boiardo. En ella, la sexualidad se muestra como una experiencia romántica que estrecha los lazos entre amantes, y las mujeres aparecen como sujetos autónomos que deciden sus relaciones, no como tentadoras insaciables.

Den Hartog destaca la profunda influencia de la moral teológica en la mayoría de los textos. Un autor de novelas lamenta la “pecaminosidad” de mujeres y clérigos, mientras que un tratado anatómico condena el sexo anal como dañino y contrario a la “majestad divina”.