historia historica

Reparación al legado del padre de la frenología

Los bultos y depresiones del cráneo revelaban, según el médico y filósofo austriaco Franz Joseph Gall, rasgos de la personalidad. A finales del siglo XVIII su teoría atrajo multitudes, aunque hoy es recordado como un charlatán. En The Brain Collector, el neuropsicólogo Theo Mulder devuelve a este olvidado estudioso el lugar que le corresponde en la historia de la ciencia.

Cuando Gall tenía nueve años, un compañero con ojos prominentes y una extraordinaria memoria bíblica le hizo pensar que la forma del cráneo debía estar vinculada a las capacidades mentales. La hipótesis sostenía que cada talento o rasgo derivaba del tamaño de determinadas áreas cerebrales, perceptibles externamente a través del cráneo. Aunque la “piel del cráneo” quedó desfasada, Gall merece más reconocimiento del que recibe, como demuestra Mulder, y sus huellas aún se perciben en la neurociencia moderna.

Marco temporal

Durante una conferencia en Groningen, el profesor Mulder relata las ideas de Gall al siglo XIX. Tras recibir el agradecimiento de un colega estadounidense, el neuropsicólogo decide escribir una biografía del controvertido médico austriaco. La tarea no es fácil: Gall, a pesar de su vanidad, dejó escasa información personal, obligando a Mulder a basarse en testimonios de terceros. El resultado es un libro ameno que no solo dibuja al personaje, sino que también muestra la interacción entre conocimiento y poder en la Europa postilustrada.

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En una época de grandes avances “de la razón”, la Iglesia mantenía una fuerte influencia y no aprobaba las prácticas de Gall, quien organizaba tertulias populares para explicar su teoría a base de una extensa colección de cráneos. Si el alma humana surgía de procesos fisiológicos cerebrales, el papel de Dios quedaba reducido, algo inaceptable para la autoridad eclesiástica. No tardó el emperador austriaco Franz II en prohibirle a Gall la difusión de sus ideas en conferencias y publicaciones.

Del cuero del cráneo a la frenología

A pesar de la prohibición, Gall recorrió Europa acompañado de su asistente Johann Spurzheim y una carreta llena de cráneos, difundiendo su mensaje y ganando una numerosa audiencia. Algunos académicos señalaron vacíos en su teoría, pero Gall, convencido de su propia superioridad, no consideró necesario responder a las críticas.

Los “capuchones” de Gall sentaron las bases de la frenología, una pseudociencia que alcanzó su apogeo tras su muerte. Spurzheim, más interesado en la fama y el lucro que en la ciencia, impulsó la popularidad del movimiento. En Inglaterra y Estados Unidos la frenología se convirtió en un verdadero negocio: “Déjame tocar tu cráneo y te diré quién eres”.

Fundación de la neurociencia

Si bien la teoría está obsoleta, Mulder muestra que Gall fue el primero en aplicar un método científico y observacional al estudio del comportamiento, además de ser un destacado neuroanatomista. “Gall dijo muchas tonterías, pero al mismo tiempo sentó las bases de lo que hoy llamamos neurociencia. Su influencia persiste en cada intento de localizar funciones en regiones cerebrales; con cada escáner, Gall parece observar desde el borde de la máquina”, escribe el autor.

Descartar a Gall como un loco sería tan injusto como hacerlo con René Descartes o Isaac Newton. Mulder argumenta: “Descartes no fue relegado por su absurda teoría de la glándula pineal, ni Newton por su obsesión con códigos bíblicos y la alquimia”. Con esta biografía, el autor otorga al austríaco la reparación merecida: científico valiente, entusiasta social, pensador provocador, brillante anatomista y pionero de la fisiología y la neuropsicología.


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