El 16 de julio de 1950, frente a una multitud estimada de más de 200 000 personas en el estadio Maracaná, la Selección brasileña vivió su propia "Hiroshima": la inesperada derrota ante Uruguay que quedó grabada como el Maracanazo. Cuarenta y siete años después, el episodio sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva del país.
El Brasil de 1950: una nación en plena euforia
Después de años de dictadura, Brasil había recuperado la democracia y buscaba proyectar su nuevo futuro a través del fútbol, deporte que se había convertido en una verdadera religión. El equipo, apodado la "Super Selección", contaba con una delantera imparable formada por Ademir, Friaça, Chico y Zico, que promediaba más de cuatro goles por partido. En la fase final del Mundial, Brasil había demolido a España (7‑1) y a Suecia (6‑1), y solo necesitaba empatar contra Uruguay para levantar la Copa.
El día del desastre
Ante la presión de una afluencia récord (el número oficial de espectadores es 173 850, aunque se calcula que superó los 200 000), Brasil abrió el marcador con Friaça. Sin embargo, Juan Alberto Schiaffino, de origen italo‑paraguayo, empató para Uruguay. El momento decisivo llegó cuando Alcides Ghiggia marcó el segundo gol uruguayo, silenciando al Maracaná y desatando una catástrofe nacional.
El "Maracanazo" en la cultura popular
El periodista brasileño Nelson Rodrigues resumió la tragedia con la frase: «Cada nación tiene su desastre nacional; el nuestro fue el Maracanazo». El impacto fue tal que, según se dice, dos aficionados se suicidaron lanzándose desde las gradas y muchos más intentaron acabar con sus vidas.
El estigma sobre Moacir Barbosa
El portero Moacir Barbosa fue señalado como el culpable principal por no detener el gol de Ghiggia. Años después, una mujer que lo reconoció en una tienda exclamó a su hijo: «¡Ese es el hombre que hizo llorar a todo Brasil!». En 1993 le prohibieron entrar al centro de entrenamiento de la Selección por temor a “contaminar” al equipo. La culpa lo persiguió hasta su muerte en 2000, cuando apenas asistieron personas a su funeral.
El recuerdo en Uruguay
Para los uruguayos, la victoria se convirtió en un orgullo nacional que todavía se celebra. En 2000, Ghiggia visitó Río de Janeiro; al pasar por el control de pasaportes, la agente, sorprendida, le comentó: «Aquí sentimos como si no hubiera pasado ni un día desde 1950». Ghiggia respondió que él ya se sentía “un fantasma en la memoria de Brasil”.
Legado y curiosidades
Después del Maracanazo, la camiseta brasileña cambió del blanco al icónico amarillo y verde que conocemos hoy. Brasil logró levantar la Copa del Mundo en cinco ocasiones (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002), pero la derrota de 1950 sigue siendo un punto de referencia para la pasión y el dolor futbolístico.
Fuentes
Alex Bellos, Futebol; Eduardo Galeano, Los días cuentan; documentos de la FIFA y archivos periodísticos de la época.
Nota: Las imágenes a continuación ilustran momentos clave del Maracanazo.