historia historica

El largo camino de la soga a la tumba: su cuerpo fue enterrado 190 años después

Una conciencia punzante puede influir fuertemente en las acciones y decisiones de una persona. Cuando el comportamiento resulta inusual, despierta la curiosidad y lleva a preguntas, análisis y nuevas conclusiones, incluso a cuestionar sentencias judiciales. Así fue el caso de John Horwood, condenado por el asesinato de su amada.

John nació a principios del siglo XIX, quinto de nueve hijos de Thomas y Phoebe Horwood, en Hanham, cerca de Bristol. Llevaba una vida relativamente tranquila hasta que, a los 16 años, se enamoró apasionadamente de Eliza Balsom.

Ambos se conocían desde niños, algo habitual en una comunidad tan pequeña. Sin embargo, el sentimiento surgido de la amistad infantil resultó ser unilateral. Eliza, al rechazar los avances de John, despertó en él una faceta oscura. Su fascinación se convirtió en obsesión enfermiza: acosó a su amada con insultos, agresiones físicas e incluso intentó verterle ácido sulfúrico. En enero de 1821, al ver a Eliza con otro joven, la golpeó con una piedra en la sien.

Las lesiones parecían leves, pero Eliza acudió al Bristol Royal Infirmary, donde la atendió el Dr. Richard Smith. La herida provocó fiebre y, sospechando una infección, se realizó una trepanación. Durante la operación se descubrió un absceso que, cuatro días después, causó la muerte de la joven.

Crimen y castigo

El Dr. Smith redactó el primer informe médico atribuyendo la muerte al traumatismo. Con el objetivo de atrapar al culpable, entregó el nombre de Horwood a la policía. John, aterrorizado, amenazó a los oficiales y trató de huir, lo que empeoró su situación.

El juicio transcurrió rápidamente; el testimonio del médico resultó decisivo. Horwood fue condenado a muerte por ahorcamiento.

El largo camino de la soga a la tumba: su cuerpo fue enterrado 190 años después

Unos días después de la sentencia, multitudes se agolparon en la New Gaol para presenciar los últimos momentos del condenado. La autoridad local incluso colocó carteles advirtiendo sobre los peligros de los bancos resbaladizos del río cercano.

Tras la ejecución, el cuerpo debía entregarse al Dr. Smith para una autopsia pública, una práctica común del siglo XIX, pues se consideraba que los criminales ejecutados debían servir a la ciencia.

190 años en “cautiverio”

Los amigos de John no quisieron que su cuerpo fuera diseccionado y robaron los restos para enterrarlos en Hanham. Smith, sospechando la maniobra, apresuró el traslado de los cadáveres al sitio de la autopsia.

El largo camino de la soga a la tumba: su cuerpo fue enterrado 190 años después

Para exhibir la anatomía de Horwood, su piel fue desollada, curtida y utilizada para encuadernar los documentos del caso. El libro resultante, con una inscripción latina Cutis Vera Johannis Horwood, se conserva en el museo M Shed de Bristol, junto a la mesa donde se realizó la autopsia.

El esqueleto también quedó bajo la custodia del doctor, quien lo mantuvo en su hogar hasta su muerte. Posteriormente fue donado al Hospital y a la Universidad de Bristol para investigación, aunque su cuello quedó marcado con una cuerda, recordatorio de la sentencia de 1821.

Con el tiempo, la trepanación practicada a Eliza fue revaluada; nuevos estudios sugieren que el propio Dr. Smith pudo haber causado su muerte por una técnica incorrecta.

Finalmente, los restos de Horwood recibieron un entierro digno. El 13 de abril de 2011, exactamente 190 años después de su ejecución, Mary Halliwell, descendiente del hermano de John, enterró su esqueleto.

Bibliografía

  1. Brooke‑Hitching, The Madman's Library, Rebis Publishing House, 2020.
  2. Woźniak, Bookbinding. Books in human skin, Wybcza.pl, 03/11/2015.
  3. Ucińska, Human reading, focus.pl, 20 de junio de 2012.
  4. Halliwell, An Unjust Hanging: The True Story of John Halliwell, Memoirs Publishing, 2012.