En la Grecia clásica el sexo no se concebía como hoy. Los mitos, la historia y el arte de la época revelan una mentalidad mucho más abierta y costumbres que, a la luz de nuestros valores, pueden resultar extrañas.
La prostitución era una actividad subvencionada por el Estado
En la Grecia antigua la prostitución era legal y, en algunos casos, gestionada por el propio Estado. El legislador Solón regulaba los precios de los burdeles públicos y supervisaba su funcionamiento.
Estos burdeles ofrecían servicios tanto de mujeres como de hombres; los varones atendían, mayormente, a clientes mayores. Sus tarifas eran considerablemente más bajas que las de las prostitutas callejeras, que a veces llevaban sandalias con la inscripción "sígueme".
Los ciudadanos más acaudalados podían contratar a una "mistress" del albergue público, quien combinaba placer físico con compañía intelectual. Los impuestos recaudados de estos establecimientos se destinaban, según Solón, a la construcción de un templo dedicado a Afrodita.
El adulterio se castigaba con mayor dureza que la violación
Aunque los griegos eran tolerantes con la sexualidad, el adulterio era visto como un robo, pues la mujer se consideraba propiedad del marido. Por eso, seducir a la esposa de otro hombre se consideraba más grave que una violación, especialmente si la víctima era soltera.
Heródoto relata que el marido tenía el derecho de vengarse del adúltero, pudiendo imponer desde la humillación pública hasta la muerte.
Besarse a la esposa podía considerarse una señal de debilidad
El beso como saludo era habitual incluso entre desconocidos, pero besar a la propia esposa en público se percibía como una muestra de igualdad que desafiaba la jerarquía masculina. Pericles, por ejemplo, fue criticado por besar a su mujer en público, pues se interpretó como una pérdida de autoridad.
La masturbación pública no era delito, aunque sí mal vista
En la Grecia antigua la masturbación en la vía pública no conllevaba penas de prisión, aunque generaba desaprobación social. El filósofo Diógenes de Sinope, fundador del cinismo, utilizaba este acto para desafiar la autoridad y, ante las críticas, respondió: "Desearía que fuera tan fácil saciar el hambre frotando un estómago vacío".
En la comedia "Lisístrata" de Aristófanes, los espartanos son ridiculizados por su afán de placer propio, evidenciando que incluso en Esparta existían críticas a esta práctica.
Los faloides estaban en todas partes
Los griegos no se limitaban a exhibir penes en estatuas desnudas; los representaban en vasos, cerámicas, utensilios y hasta en decoraciones de vino. Se halló una vasija que mostraba a una mujer cuidando un campo lleno de penes, una prueba del humor pícaro de la época.
El banquete podía convertirse en una fiesta desenfrenada
Los simposios griegos reunían entre 14 y 27 hombres que se recostaban en lechos y debatían filosofía, como en el famoso "Symposion" de Platón. Sin embargo, la atmósfera podía pasar rápidamente a juegos de bebida, música, canto y, en ocasiones, entretenimiento sexual.
Aunque las mujeres estaban generalmente excluidas, a veces se contrataban prostitutas de alto precio para satisfacer a los comensales.