Entrada al lupanar de Pompeya

Si visitas Pompeya (¡vale la pena, se los aseguro!), es probable que tengas que hacer cola para entrar al lupanar (nombre derivado de "lupa", en alusión a la prostitución). Este antiguo local de encuentros es, sin duda, uno de los lugares que más despiertan la curiosidad de los turistas.
Una visión cruda del pasado
El edificio, conservado en buen estado, conserva los frescos de pared que recuerdan a los letreros de "luces rojas" de la actualidad. Estos murales transmiten de inmediato la imagen de la miseria y la vida marginal que se vivía allí hace siglos, cuando mujeres y niñas se ofrecían a cambio de unas cuantas monedas a hombres que buscaban placer.

Una de las pequeñas habitaciones del lupanar; se observa la cama empotrada de mampostería.
Estructura y distribución
Accedido por una estrecha callejón, el lupanar consta de dos pisos. El nivel inferior atendía a los clientes más modestos, mientras que el superior estaba reservado a los más adinerados. Las habitaciones son diminutas y estrechas, especialmente en la planta baja, y están equipadas con camas fijas.
Un corredor, un balcón, una diminuta letrina y una escalera exterior completan la modesta arquitectura del edificio.
Los frescos: ¿decoración o catálogo?
Los pinturas murales son, sin duda, los frescos más famosos entre los hallados en Pompeya. No está claro si su única función era decorativa o si servían como un tipo de "catálogo" que mostraba los "servicios" ofrecidos. Los temas son explícitamente eróticos (¿o pornográficos?), lo que hace plausible la segunda hipótesis.