Un vínculo que se volvió conflictivo
El emperador Augusto estaba profundamente apegado a su única hija, Julia. Sin embargo, con el paso del tiempo, la frustración y el descontento surgieron a raíz de lo que él percibía como un comportamiento libertino, sin escrúpulos y descontrolado por parte de la joven.
El exilio en Pandataria
Ante esta situación, Augusto tomó la drástica decisión de desterrar a su hija a la diminuta y remota isla de Pandataria (actual Ventotene). Años después, se le permitió regresar al continente, probablemente a Reggio Calabria, donde falleció en el 14 d.C., el mismo año que su padre.
El testimonio de Suetonio
El historiador y biógrafo Suetonio relata que, al oír mencionar a su hija, Augusto solía exclamar con amargura:
«¡Ay, habría preferido permanecer célibe y morir sin descendencia!»
Estas palabras venían acompañadas de lágrimas, reflejando la profunda tristeza del emperador.