Una figura polémica que sigue fascinando
Cleopatra VII es una de las mujeres más controvertidas y odiadas de la antigüedad. La describían como una monstruosa sanguinaria, una reina prostituta y una tirana sin piedad. Su crueldad para alcanzar el trono y su vida amorosa escandalosa impactaron a sus contemporáneos y siguen inspirando a artistas. ¿Cuánta verdad hay detrás de las leyendas sobre la última gobernante de Egipto?
La primera parte de este texto se publicó en nuestro sitio hermano Your History, bajo el título "Tirano sin piedad en el Nilo: ¿cómo nació la leyenda de Cleopatra?" Allí se describió su juventud, su relación con Julio César y las estrategias que empleó para cautivar a su época.
El ascenso al poder
A los 24 años Cleopatra contaba con todo lo necesario para consolidar su reinado: su amante era el hombre más poderoso del mundo, Julio César, y juntos compartían una relación de iguales tanto en la vida como en la política. De César nació su hijo y heredero, Cesarión, y, junto a su hermano menor Ptolomeo XIV, gobernó Egipto. Sin embargo, no imaginó que su vida pronto daría un giro inesperado. El 15 de marzo del 44 a.C. Julio César fue asesinado.

La figura de Cleopatra ha inspirado a innumerables artistas; entre ellos, la icónica Theda Bara.
El exilio de Roma
Cicerón, en una carta a su amigo Ático escrita un mes después del asesinato de César, comentó: «Si Cleopatra «huyó» de Roma, debió hacerlo durante al menos tres semanas». Esa demora no se debió solo al equipaje (¡imagínese cuántas cosas llevó para sus dos años en el Tíber!). Cleopatra buscaba asegurar los derechos de su hijo Cesarón, cuyo nombre no aparecía explícitamente en el testamento de César, lo que la motivó a abandonar la capital.
Regreso a Egipto y la desaparición de Ptolomeo XIV
En su regreso, Cleopatra se detuvo en Chipre para demostrar su soberanía sobre la isla, pues su hermana Arsinoe IV tramaba tomar el poder. Al llegar a Alejandría, la reina se encontró con una situación política delicada: los alejaneses resentían su vínculo con César y la sumisión de Egipto a Roma. Irónicamente, a los romanos tampoco les gustaba por razones similares.
El apoyo al hermano menor, Ptolomeo XIV, crecía, y muchos ya imaginaban una nueva pareja real. En 44 a.C. Ptolomeo XIV desapareció de los registros; según Flavio Josefo, probablemente fue envenenado por su propia hermana.
Cleopatra disponía de varios venenos vegetales y arsénico, que supuestamente probaba en prisioneros y sirvientes. Lo más probable es que utilizara aconito, altamente tóxico en pequeñas dosis y casi imposible de detectar, lo que le permitía administrarlo discretamente, incluso en una bebida.
La seducción de Marco Antonio
Durante los tres años siguientes, Cleopatra gobernó como regente de su hijo menor, Ptolomeo XV (Cesarón). Necesitaba un nuevo aliado y aceptó con entusiasmo la invitación de Marco Antonio. En el 41 a.C. viajó a Tarso, llegando según Plutarco «vestida como Afrodita, a bordo de una nave dorada con remos de plata y velas púrpuras». La corte estaba acompañada por ninfas, doncellas y hombres disfrazados de Eros.

Durante el banquete, la reina ordenó iluminar su barco, creando un espectáculo de luces reflejadas en el agua. La música, los mesas fastuosamente decoradas y los generosos obsequios dejaron una impresión imborrable en Antonio, conocido por su vanidad y su afán de presentarse como Dionisio.
Plinio el Viejo relata la competencia de lujos entre ambos. Según él, Cleopatra ganó al tirar una perla de su pendiente a una copa de vinagre, esperar a que se disolviera y beber la solución resultante. Experimentos modernos confirman que una perla puede disolverse en vinagre, pero el proceso lleva mucho más tiempo del que permite una fiesta fastuosa, y resulta improbable que Cleopatra bebiera una taza entera de vinagre puro.
Alianzas, hijos y la caída de Arsinoe
El vínculo entre Cleopatra y Antonio fue tanto sensual como político. De su unión nacieron los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Su romance ha inspirado a artistas durante siglos. Mientras tanto, la hermana de Cleopatra, Arsinoe IV, seguía en el exilio. En el 41 a.C. fue asesinada en los escalones de un templo en Éfeso, bajo la esfera de influencia de Marco Antonio. Hallazgos arqueológicos recientes corroboran la existencia de una tumba con símbolos egipcios de esa época.

Marco Antonio incluso acuñó una moneda en honor a Cleopatra.
¿Mujer demoníaca o víctima de la propaganda?
Al estudiar la vida de Cleopatra VII, es esencial recordar que la mayor parte de la información proviene de fuentes antiguas, y estas son, en el mejor de los casos, muy parciales. Cicerón, por ejemplo, la despreciaba y la acusó de prometerle pergaminos de la Biblioteca de Alejandría sin cumplirlos. La lucha entre Octaviano y los herederos de César y Antonio culminó en la batalla de Accio, donde la propaganda octaviana retrató a Cleopatra como la encarnación de los valores bárbaros que debían ser superados por la virtus (valor) y la pietas (piedad) romanas.
Plutarco asegura que, aunque no era una mujer bella, Cleopatra utilizó los “truquitos de cortesana” para conquistar a Antonio. Relata anécdotas extravagantes: paseos disfrazados de esclavos por Alejandría, pescas donde Cleopatra hacía que un esclavo enganchara un pez “encurtido” a la caña de Antonio, y baños de leche de burro que, según la tradición, mantenían su piel sedosa.
Plinio el Viejo la llamó prostituta y la acusó de arrogancia, incluso vinculándola a los lujosos vasos de oro que Antonio coleccionaba. Estas descripciones, sin embargo, provienen de autores que la odiaban y la usaron como herramienta de propaganda.
Desde una perspectiva psicológica, algunos podrían calificar a Cleopatra de psicópata por su disposición a eliminar a familiares para asegurar el poder. No obstante, como mujer que buscaba independencia en una sociedad dominada por hombres, sus decisiones fueron también estrategias de supervivencia y ascenso político. Su confianza, carisma y talento teatral le permitieron mantenerse en el centro de la escena, y su muerte, tan dramática como su vida, sigue alimentando los mitos.