historia historica

La belleza en la Edad Media: tintes capilares y curiosos remedios contra la calvicie

La belleza en la Edad Media: tintes capilares y curiosos remedios contra la calvicie

Tinte de cabello en la Edad Media

El hábito de teñir el cabello es prácticamente tan antiguo como la humanidad. Ya en la Antigüedad, las matronas romanas experimentaban con una amplia gama de colores para lucir su melena (fuente). Sin embargo, fue en la época medieval cuando la práctica alcanzó su mayor expresión de fantasía.

A partir del siglo XIV, todo tipo de tonalidad se volvió permisible, incluso para cubrir las canas que aparecían con la edad. Los tintes se elaboraban principalmente a base de elementos vegetales extraídos de hierbas y flores, pero también se utilizaban minerales y, sorprendentemente, excrementos animales.

Contrario a la creencia popular, el teñido no era exclusivo de las mujeres; los hombres competían fervientemente en esta moda. Un ejemplo destacado es Francesco Sforza, quien alternaba en sus retratos entre una melena canosa y un cabello negro como el azabache.

Remedios contra la calvicie

En la Edad Media, lo que más preocupaba a los hombres no era la aparición de canas, sino la calvicie. La denominaban irónicamente “pelatina” en el siglo XV, y se la asociaba con los síntomas de la sífilis, una enfermedad muy frecuente en la época.

Los consejos para prevenir y tratar la caída del cabello abundaban, y todo tipo de brebajes eran considerados útiles. Entre los médicos más influyentes estaba Aldobrandino da Siena, quien aconsejaba:

  • Evitar el uso de jabón y lavar el cuero cabelludo solo con agua tibia.
  • Aplicar aceites grasos, como el aceite de rosa o la mirra, para lubricar el cuero cabelludo.

Otro remedio recurrente en los textos medievales para combatir la “pelatina” era la Artemisia abrotanum (también conocida como artemisa silvestre). Se creía que sus propiedades ahuyentaban la calvicie y, al mismo tiempo, mitigaban los signos de la sífilis.

Estos tratamientos, aunque a veces extraños para los estándares actuales, reflejan la creatividad y la desesperación de la época por mantener una apariencia joven y atractiva.